LA MENTE Y LA DOCTRINA DEL JUICIO DE DIOS

La Cuarta doctrina cristiana en la cual está implícita la importancia de la mente es la doctrina del juicio de Dios. Pues un punto es bastante claro en la enseñanza bíblica en cuanto al juicio: que Dios nos juzgará por nuestro conocimiento y por nuestra actitud en respuesta (o por la falta de esta) a su revelación. Tomemos como un ejemplo del Viejo Testamento el libro de Jeremías.

Jeremías profetizó por la palabra del Señor, con gran coraje y con una persistencia inquebrantable que, a menos que el pueblo atendiera a la voz de Dios, la nación la ciudad y el templo serían destruidos. Pero, en vez de que atiendan, cerraron sus oídos, se quedaron inflexibles, y endurecieron la cerviz. Esas son algunas frases-llaves del libro. Tenemos ahí algunos ejemplos:

“Desde el día en que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto, hasta hoy, os envié todos mis siervos, los profetas, todos los días, comenzando de madrugada yo los envié. Pero no me de este oídos ni me atendisteis; endurecisteis la cerviz e hiciste peor que vuestros padres… ordené a vuestros padres el día en que los quité de la tierra de Egipto…, diciendo: De ahí oídos a la mi voz, y haced todo según lo que os mando; así vosotros me seréis a mí por pueblo, yo os seré a vosotros por Dios… Porque de veras advertía a vuestros padres el día en que los quité de la tierra de Egipto, hasta el día de hoy, testificando desde pronto cada día, diciendo: De ahí oídos a la mi voz. Pero no atendieron ni inclinaron sus oídos, antes anduvieron cada uno según la dureza de su corazón maligno. Durante veintitrés años… ha venido a mí la palabra del Señor, y, comenzando de madrugada, yo he anunciado; pero vosotros no escuchasteis. También, comenzando de madrugada, os envió el Señor todos sus siervos, los profetas, pero vosotros no escuchasteis, ni inclinasteis vuestros oídos para oír…Me dieron la espalda, y no el rostro; aunque yo, comenzando de madrugada, los enseñaba, ellos no dieron oídos, para que reciban la advertencia”.

Aún después de haber sido destruida Jerusalén por Nabucodonosor, el desventurado Jeremías, con renuencia, en lugar de haber sido llevado a Egipto, continuó advirtiéndoles a sus compatriotas judíos en cuanto al juicio de Dios ante la perversidad de su pueblo. “Sin embargo comenzando yo de madrugada, les he enviado mis siervos, los profetas, para decirles: No hagáis esta cosa abominable que aborrezco. Pero ellos no obedecieron, ni inclinaron los oídos…”.

Este principio de juicio fue endosado por el propio Señor Jesús: “Quién me rechaza y no recibe mis palabras tiene quién lo juzgue; la propia palabra que he proferido, esa lo juzgará el último día”. Y la base del argumento del apóstol Paulo en los primeros capítulos de su cata a los Romanos es que todos los hombres son culpados delante de Dios precisamente porque todos poseen algún conocimiento, los judíos por medio de la ley de Dios escrita, y los gentíos por medio de la naturaleza y de la ley de Dios en sus corazones, pero nadie vivió de acuerdo con ese conocimiento.

Es un pensamiento solemne lo de que, con nuestro anti-intelectualismo, tanto nos opongamos como no incomodándonos con el oír la palabra de Dios, podremos estar preparando para nosotros el juicio del Dios Todopoderoso. Intenté mostrar cómo la racionalidad humana tiene una importancia fundamental en las doctrinas básicas de la creación, revelación, redención y juicio. Dios nos constituyó como seres que piensan; Él nos trató como tales, comunicándose con nosotros con palabras; él nos renovó en Cristo y nos dio la mente de Cristo; y nos considerará responsables por el conocimiento que tenemos.

Tal vez se comience a ver ahora el mal que es esa disposición anti-intelectualista, cultivada en algunos grupos cristianos. No se trata de una verdadera devoción, absolutamente; pero sí de una conformación a una onda de este mundo, o sea, se trata de una forma de mundanismo.

Extracto del libro “Creer También es Pensar”

Por John Stott

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2 Comentarios

  1. Me gusto mucho por que por un motivo me cambie de iglesia y para ellos la santidad no la tienen y dicen que no se pierde pero en mi antigua iglesia nos hablaban mucho de la santidad y la importancia de lo que es me da mucha alegría por eso y ahora me doy cuenta que Dios conoce nuestros corazones más que nadie vuelvo ami antigua iglesia pero contenta por que Dios me ama y me quiere ver bien grasias ha todo este equipo por estas palabras y que DIOS los bendiga.

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