VIVIR EN SANTIDAD

Muchos de los secretos de la santidad nos son revelados en las páginas de la Biblia De hecho, uno de los objetivos principales de la Escritura es mostrar al pueblo de Dios como llevar una vida que le sea digna y que le agrade. Sin embargo uno de los aspectos más ignorados en la búsqueda de la santidad es la parte que compite a la mente si bien el propio Jesús haya puesto el asunto fuera de cualquier duda cuando prometió: “conoceréis la verdad, y la verdad os liberará”. Es mediante su verdad que Cristo nos libera de la esclavitud del pecado. ¿De que forma? ¿Dónde se encuentra el poder liberador de la verdad?

Para que comenzar necesitamos tener un cuadro bien claro del tipo de persona que Dios pretende que seamos. Tenemos que conocer la ley moral de Dios y los mandamientos. Como lo expresó John Owen: “el bien que la mente no es capaz de descubrir, la voluntad no puede escoger, ni las aflicciones pueden encariñarse”… Por lo tanto, “en la Escritura el engaño de la mente comúnmente se presenta como el principio de todo pecado”.

El mejor ejemplo de eso se puede encontrar en la vida terrenal de nuestro Salvador. Por tres veces el diablo se aproximó de él y lo tentó en el desierto de la Judea. En las tres veces Él reconoció mala la sugerencia que le hizo Satanás y contraria a la voluntad de Dios. Tres veces Él se opuso a la tentación con la palabra griega ptai: “está escrito”. Jesús no dio margen a cualquier discusión o argumentación. La cuestión ya estaba decidida en su mente. Pues la Escritura establece lo que es correcto. Este claro conocimiento bíblico de la voluntad de Dios es el secreto básico de una vida santa.

No basta que sepamos lo que deberíamos ser. Tenemos que ir más allá, resolviendo, en nuestras mentes, a alcanzarla. La batalla es casi siempre guerra en la mente. Es por la renovación de nuestra mente que nuestro carácter y comportamiento se transforman. Así es que la Escritura nos exhorta a una disciplina mental en ese sentido. “Todo lo que es verdadero”, dice ella, “todo lo que es respetable, todo lo que es justo, todo lo que es de buena fama, si alguna virtud hay y si alguna alabanza existe, sea eso lo que ocupe vuestro pensamiento”.

De nuevo: “Si fuisteis resucitados juntamente con Cristo, escoged las cosas de lo alto, donde Cristo vive, sentado a la derecha de Dios. Pensad en las cosas de lo alto, no en las que son aquí de la tierra; porque moristeis, y vuestra vida está oculta juntamente con Cristo, en Dios.

De nuevo aún: “Los que se inclinan para la carne meditan de las cosas de la carne pero los que se inclinan para el Espíritu, de las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne da muerte, pero ocuparse del Espíritu, es vida y paz”.

Extracto del libro “Creer También es Pensar”

Por John Stott

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