LA MENTE Y LA DOCTRINA DE LA REDENCIÓN

Pasamos ahora de la doctrina de la revelación a la doctrina de la redención, redención realizada por Dios a través de la muerte y resurrección de Jesucristo. Teniendo a Dios ejecutando esta redención a través de su Hijo, ahora anuncia por medio de sus siervos. De hecho, la proclamación del evangelio también hecha por palabras dirigidas a las mentes humanas es el principal medio provisto por Dios para dar la salvación a los pecadores.

Pablo así se expresa en cuanto a esto: “Visto como, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por su propia sabiduría, aprobó Dios salvar a los que creen, por la locura de la predicación”.

Nótese con cuidado el contraste que el apóstol hace. No es entre una presentación racional y una no-racional. No. Lo que Pablo contrasta con la sabiduría humana es la revelación divina. Pero nuestra predicación es una revelación racional, el enigma de Cristo crucificado y resucitado. Pues si bien las mentes de los hombres están en tinieblas y sus ojos están invidentes, si bien los no-regenerados no puedan por sí mismos recibir ni comprender cosas espirituales “porque ellas se disciernen espiritualmente”, ni por eso el evangelio deja de ser llevado a sus mentes, porque tal es el medio provisto por Dios para abrirles los ojos, que les ilumine las mentes y salvarlos.

Pues bien, la redención trae consigo la reconstitución de la imagen divina en el hombre, la cual fuera distorsionada en la Caída. En esa reconstitución se incluye la mente que Pablo pudo describir a los convertidos del paganismo diciendo: “y os revestisteis del nuevo hombre, que se rehace para el lleno conocimiento, según la imagen de aquel que lo creó y también: “aprendisteis a Cristo… en el sentido de que… os renovéis en el espíritu de vuestra comprensión”. Él puede ir aún más lejos. Un hombre “espiritual”, en el cual habita el Espíritu Santo y que por Él es dirigido, tiene nuevos poderes para el discernimiento espiritual. De él se puede decir que tiene “la mente de Cristo”.

Esta convicción de que los cristianos tienen nuevas mentes hizo que Pablo apelara a sus líderes: “juzgad vosotros mismos lo que digo”.

A veces me pongo a pensar sobre de que manera el apóstol reaccionaría si hoy viniera a visitar la cristiandad occidental. Creo que lamentaría la falta de una mente cristiana los días de hoy, como lo hizo recientemente Harry Blamires. Una “mente cristiana”, como la describe el Sr. Blamires, es “una mente entrenada, informada, equipada para manejar los datos de una controversia secular dentro de un cuadro de referencia constituido por presuposiciones cristianas”, por ejemplo, presuposiciones en cuanto a lo sobrenatural, en cuanto a la universalidad del mal, en cuanto a la verdad, autoridad y valor de la persona humana. El pensador cristiano, continúa él, desafía los prejuicios corrientes… perturba a los complacientes… se antepone a los activos pragmatistas… cuestiona las bases de todo lo que dice al respeto y… se hace incómodo”. Pero, prosigue, «hoy día parece no existir pensadores cristianos con una mente cristiana. Por el contrario: La mente cristiana se ha dejado secularizar en un grado de debilidad y de forma tan despreocupada sin paralelos en la historia cristiana. No es fácil hallar las palabras correctas para expresar la completa pérdida de moral intelectual en la iglesia del siglo 20. No se puede caracterizar este hecho sin recurrir a un lenguaje que parecerá ser histérica y melodramática. Ya no existe una mente cristiana. Aún hay, ciertamente, una ética cristiana, una práctica cristiana y una espiritualidad cristiana… Pero en la condición de un ser que piensa, el cristiano moderno ya sucumbió a la secularización”.

Se trata de una triste negación de nuestra redención por Cristo, acerca de quien se dice que “nos ha sido hecho por Dios sabiduría”.

Extracto del libro “Creer También es Pensar”

Por John Stott

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