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Artículos – John Stott PENSANDO LOS PENSAMIENTOS DE DIOS

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LA MENTE Y LA REVELACIÓN

Paso ahora al argumento de la revelación. Los hechos simples y gloriosos que Dios, un Dios que se revela a sí mismo, y que Él se reveló al hombre, demuestran la importancia de nuestras mentes. Pues toda la revelación de Dios es racional, tanto la revelación general en la naturaleza como su revelación especial en las Escrituras y en Cristo.

Consideremos la naturaleza. “Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos. Un día discursa a otro día, y una noche revela conocimiento a otra noche. No hay lenguaje, ni hay palabras, y de ellos no se oye ningún sonido; sin embargo, por toda la tierra se hace oír su voz, y sus palabras hasta los confines del mundo”. O sea, Dios habla a los hombres a través del universo que creó, y proclama su gloria divina, si bien sea un mensaje sin palabras. El mensaje es muy claro, sin embargo, los que rechazan su verdad son culpables delante de Dios. “Por lo tanto lo que de Dios se puede conocer es manifiesto entre ellos, porque Dios les manifestó. Porque los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y también su propia divinidad, claramente se reconocen, desde el principio del mundo, siendo percibidos por medio de las cosas que fueron creadas. Tales hombres son por eso indisculpables. Por cuanto, teniendo conocimiento de Dios no lo glorificaron como a Dios…”

Estos dos pasajes se refieren a la revelación que Dios hace de sí aún a través de la orden creada. Aunque sea una proclamación sin palabras, una voz sin sonido, aún así resulta que todo hombre tiene algún “conocimiento de Dios”. Está presuposición ahí que el hombre tiene capacidad para leer lo que Dios escribió en el universo, y eso es extremadamente importante. Toda la investigación científica se apoya en esa presuposición, en la correspondencia entre el carácter de lo que está siendo investigado y la mente de quien investiga.

Esa correspondencia es la racionalidad. El hombre puede comprender los procesos de la naturaleza. Ellos no son misteriosos; se debe al Creador que, tanto en ella cómo en ellos, expresó su mente. En consecuencia, de acuerdo con las famosas palabras de Kepler, los hombres “pueden pensar según los pensamientos de Dios”. Esa misma importante correspondencia es aún más directa entre la Biblia y quien la lee. Pues que en ella y a través de ella Dios ha hablado, es decir, tiene que ser comunicado por medio de palabras. Si concordamos que en la naturaleza la revelación de Dios es visualizada, en la Escritura es verbalizada, y en Cristo es tanto una cosa como la otra, pues Él es “la Palabra que se hizo carne”. Ahora, la comunicación con palabras presupone una mente que las pueda entender e interpretar, pues las palabras no pasan de símbolos sin significado la menos que sean descifradas por un ser inteligente.

Extracto del libro “Creer También es Pensar”

Por John Stott

(CONTINÚA… DALE CLICK ABAJO EN PÁGINAS…)

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