Hasta el más valiente tiene miedo.

Todos hemos experimentado miedo y es normal. Es una señal buena, positiva, de protección. Sin embargo, cuando este sentimiento es dirigido a un objeto sin fun­damento para que nos produzca miedo, entonces se transforma en irracional, persistente, te inmoviliza. En ese mismo momento comienza a ser tóxico y es preciso controlarlo porque el miedo que no es vencido puede durar toda la vida.

1. Las cuatro fases del miedo.

¿Cómo nos atrapa el miedo tóxico? ¿Cómo es su proceso de fascinación?

El miedo funciona como un círculo, dando vueltas en sí mismo. Decimos que se trata de un círculo porque el miedo se alimenta de sí mismo. Conocer el círculo del miedo nos dará los recursos necesarios para enfrentarlo de la manera correcta y poder así ayudar a quienes lo padecen.

Por ejemplo, un padre que le grita a su hijo porque tiene miedo frente a un perro o temor de quedarse en la casa de un compañerito o de realizar alguna actividad que le  implique un desafío estará incrementando aún más la inseguridad que ese niño siente dentro de él. Por cierto, este padre necesita saber cómo funciona el círculo del miedo. Cuando éramos chiquitos nuestros papas nos decían ‘ten cuidado’ a nadie le decían ‘arriésgate’.

A medida que descubramos el origen de nuestros miedos y trabajemos en ellos, estaremos listos para superarlos. Las fases en las que el miedo se retroalimenta son cuatro:

1º Fase: Gran imaginación.

Frente a una determinada situación, el circuito del miedo se activa a través de una gran imaginación, una imaginación exagerada. Todo empieza cuando le damos rienda suelta a nuestra mente. Comenzamos a recorrer las fases del miedo cuando nos imaginamos lo peor. Algunos lo llamaron el síndro­me del juicio final. Es cuando frente a cualquier situación pensamos que nos va a pasar lo peor. ¡Algo catastrófi­co va a ocurrir!

Por ejemplo, para una persona que nunca habló en público, con el solo hecho de pensar que lo tiene que hacer, inmediatamente se activarán en su mente cientos de frases y voces que harán de este momento, una si­tuación traumática. En su imaginación se dirá muchas cosas a sí misma. Se van a reír de mí. Me voy a quedar sin voz. ¿Y qué pasa si me olvido de lo que tengo que decir? ¿Y si no me sale nada? ¿Y si la gente se aburre?

Esto es lo que nos causa el miedo, nos paraliza. Po­demos estar frente a una llovizna y pensar que se apro­xima un tornado. Cuando, frente a una situación, imaginamos exageradamente lo peor, habremos entrado en el circuito del miedo.

Extracto del libro “Emociones Tóxicas”

Por Bernardo Stamateas

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