2º Fase: Miedo propiamente dicho.

La gran imaginación activa el miedo y, a esta altura, el miedo ya se disparó y empezó a crecer. Es decir, al comienzo decimos si yo hablo en público, me voy a olvidar, ¡qué vergüenza!

Estos pensamientos recién elaborados ya te causa­ron miedo, y este miedo empezará a retroalimentarse nuevamente. Desde ese lugar, no sólo piensas ¡qué vergüenza!, sino también se van a reír de mí, se van a burlar, ¡voy a hacer el ridículo! Todo el mundo en el auditorio se va a reír de mí y ¡nadie me va a escuchar! A esta altura, el miedo empezará a activar más in­tensamente la percepción negativa de la realidad y co­menzará a distorsionarla.

Tu cuerpo también va a sentir el miedo, hará que te pongas torpe, que tu voz se aflaute, que los nervios se activen, que tu frente y tus manos transpiren, y el corazón se acelere. Y todos estos síntomas que co­mienzas a sentir, todas estas respuestas corporales harán que, efectivamente, se cumpla lo que desde un principio pensaste que iba a suceder.

Nosotros tendemos a no correr riesgos porque tenemos miedo a lo desconocido pero, en realidad, el miedo a lo desconocido es miedo a perder lo conocido.

3º Fase: El miedo te paraliza o te acelera.

¿Cómo nos paraliza? Una persona que siente temor de hablar en público, cuando se enfrente a esta situa­ción, comenzará a imaginar lo peor, le sobrevendrá mucho miedo y este crecerá hasta tal punto que blo­queará su cuerpo. Entonces, en el momento que tenga que dar la charla, lo más probable es que se quede sin voz. El miedo te paraliza.

¿Cómo nos acelera? El miedo hace que te muevas en la dirección opuesta a la que te conviene ir. Te lo voy a graficar con el ejemplo del león y su presa. ¿Por qué el león ruge? El león ruge para generar dos reacciones en la víctima: la paraliza para después comerla, o puede hacerla huir en la dirección opuesta, hacia donde estarán las leonas esperando para comerla.

Siempre el miedo te hace huir hacia el lugar equivocado. Esto nos recuerda que, cuando tenemos miedo, ha­cemos tonterías. Si no, sigue leyendo estos ejemplos.

Si tienes miedo a la noche, ¿qué haces? ¡Te cubres con la sábana como si la sábana fuese blindada!

¿Cuántas veces miraste debajo de la cama? ¿Para qué? Si hubiera alguien debajo de la cama, ¿qué harías? No sabes, pero te fijas igual.

¿Cuántas veces fuiste al placard para ver si había al­guien escondido allí? No te entra la ropa, pero piensas que puede haber una persona allí adentro.

Son cosas ridículas, ¿no? Pero el miedo, en esos mo­mentos, nos controla…

4º Cuarta fase: Mi primer recuerdo.

La gran imaginación nos trae miedo, el miedo nos paraliza o nos acelera, y esa emoción queda grabada en nuestra mente formando lo que llamamos «mi pri­mer recuerdo». Cuando enfrentes una situación similar, el primer recuerdo que tendrás será de freno o de aceleración. Por eso, dice el dicho tan popular: «El que se quema con leche, ve una vaca y llora».

Si tu miedo fue originado al haber hecho un mal ne­gocio, ante una nueva oportunidad se activará tu pri­mer recuerdo y tu pensamiento será como lo siguiente. Sí, pero a mí me engañaron. A mí me fue mal. Hay que tener cuidado. Mmm, no sé. Esta vez no me enganchan.

Si a ti te fue mal con una pareja, probablemente esa mala experiencia será el primer recuerdo que venga a tu mente cuando quieras acercarte a alguien del sexo opuesto.

Estos miedos lo único que logran es que pierdas de vista todo lo nuevo, la mejor gente, el mejor negocio y las mejores oportunidades que están por venir.

Extracto del libro “Emociones Tóxicas”

Por Bernardo Stamateas

Lee Los Miedos Tóxicos 2

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