Fue otro reformado, Hans Nielsen, quien luego de entender que la Biblia no era sólo un libro de religión, comenzó un sistema de educación basado en sus principios. Luego creó un sistema de negocios, y por último, un sistema político, todos basados en la Biblia. Estos convirtieron a una nación pobre y analfabeta, que no contaba con libertades esenciales, en una nación próspera y una de las que tiene mayor libertad en el mundo de hoy: Noruega.

Fue John Wesley, otro protestante, quien junto con predicar el arrepentimiento también fue un gran reformador social, y a quien muchos atribuyen que no haya entrado el comunismo a Inglaterra.

La lista es grande y no puedo extenderme ni entrar en detalles en lo que estos hombres y mujeres significaron para el mundo de su época y el mundo actual. Ellos no se limitaron, confiaron en Dios y usaron lo mismo que podemos usar nosotros hoy en día: los principios bíblicos, y se dejaron guiar por el Espíritu Santo para llevar adelante transformaciones reales y profundas. Cambiaron su mundo.

Los verdaderos cristianos nunca fueron cola, sino cabeza. Fueron los primeros en confrontar los grandes cambios que tuvo la humanidad. Su inspiración fue la Biblia, no una institución. Creyeron a su Palabra e iniciaron profundas transformaciones, crearon o cambiaron leyes, formaron nuevas instituciones y desafiaron, constantemente, el pensamiento dominante.

Entendieron que la VOCATIO DEI (vocación de Dios) no estaba reservada sólo para los clérigos, sino en consonancia con Colosenses 3:17, entendieron que todo lo que hacemos de palabra o de hecho, debe ser hecho en nombre de Jesús. Por lo tanto, todos tenemos una Vocatio Dei, ya que estamos representando a Cristo en lo que hacemos. Es, basados en este concepto que los trabajadores reformados comenzaron a vivir, sabiendo que su trabajo no era un mal necesario, o una consecuencia de la maldición adámica, sino por el contrario una manera concreta de glorificar a Dios, de rendirle culto. Y ese cambio conceptual, es el que trajo la riqueza de varias naciones que adoptaron la Biblia como su fundamento.

Fueron sal y luz del mundo, así como Jesús lo ordenó, y como debe hacerlo la iglesia hoy en día. Se trata no sólo de discipular en las naciones, sino a las naciones, produciendo fuertes transformaciones en sus ideas, en sus leyes e instituciones.

Que una nación sea para Cristo no significa que todos le acepten como su Señor, pero sí que un grupo comprometido de cristianos predique libremente el evangelio, produciendo una influencia decisiva en las conductas, leyes e instituciones de la sociedad. Evangelizar en el área de la educación no sólo significará predicarle a los profesores, alumnos y directores, sino también levantar un pensamiento basado en la Biblia que desafíe y cambie el concepto mismo de educación.

Nuestro gran desafío estará en el mundo de las ideas. Como dice Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”.

Necesitamos de una nueva Reforma, de un avivamiento que no se quede en la Iglesia, sino que produzca transformación en la sociedad. Será una reforma distinta a la del Siglo XVI con Lutero, pues en aquel entonces la religión permeaba todos los niveles de la sociedad. Un cambio en la Iglesia, significó un cambio casi automático en las otras áreas. En nuestras sociedades posmodernas, donde la religión ha sido ubicada en un compartimento aislado del resto de la sociedad, tendremos que ser intencionales.

El hecho de tener un avivamiento en la Iglesia, posiblemente, no signifique algún cambio notorio en la sociedad donde vivimos. Esto nos obliga a abrirnos a nuevas expresiones de iglesia. Posiblemente, Dios levante iglesias en lugares donde no estamos acostumbrados. El actúa soberanamente. Un colegio, una red de empresarios, un grupo de profesores, una compañía de arte, o una municipalidad podrían convertirse en grandes centros de avivamiento y transformación de una sociedad.

Pero necesitaremos un paso anterior, y es el de eliminar el dualismo en nuestras vidas. No tendremos dos vidas, sino sólo una, regida por la Biblia y el Espíritu Santo. Los principios bíblicos dirigirán nuestros negocios, nuestras familias, nuestra educación, nuestro arte, nuestra ciencia, nuestro gobierno, nuestra salud y todas las demás áreas de la vida. Sí, porque la Biblia es el libro de la vida.

No dejaremos la tarea en manos de unos pocos llamados, sino entenderemos que todos fuimos llamados. Nuestro llamamiento consistirá en preguntarle a Dios: dónde, cómo y cuándo. Algunos serán llamados para los campos transculturales, y otros para ser misioneros dentro de su propia sociedad. Serán los misioneros a la propia cultura, pero alcanzando campos no alcanzados todavía con el evangelio. Algunos serán llamados como pastores, otros como misioneros al área de la salud, de la educación, del trabajo social, de la justicia, etc. Algunos para ser misioneros ahora, otros en el futuro cercano.

Todos diremos sí al espíritu de transformación que hubo en los reformadores, y continuaremos su obra y su llamamiento. No temamos, en un tiempo en que todo parece derribarse, seguimos diciendo: “Aleluya, porque el Señor nuestro Dios, todopoderoso reina”. (Apocalipsis 19:6).

Por Ricardo Rodríguez (Director de JUCUM, Abogado)

(Extraído de 500reforma.cl)

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