Maestros de Niños – El Niño y el Lenguaje del Dolor 4

 

Continuemos.

2. El «Cuaderno del Enojo».

El niño puede llevarse a casa un cuaderno y algunas fotocopias de las caritas enojadas. En lugar de manifestar su enojo en las formas acostumbradas, anota en el cuaderno las circunstancias que le causan esa reacción y las razones por las cuales siente tanto enojo. Luego pega al lado la carita que muestra la intensidad del enojo que sintió. Lo lleva como un diario, anotando la fecha del día cuando ocurrió cada incidente.

La finalidad de una actividad de esta índole es ayudar al niño a tomar conciencia de esta emoción tan difícil de manejar y de las circunstancias que contribuyen a ese estado. Más adelante el maestro lo puede ayudar a pensar en diferentes opciones, en cuanto a sus conductas y expresiones verbales, que pueden ayudar a aliviar las circunstancias que él considera injustas.

 

3. Confeccionar un «Collage del Enojo».

El maestro puede proveer tijeras, cartulina, pegamento y revistas en desuso para esta actividad. Conviene que participe junto al niño haciéndolo. Se hace un collage de recortes de las revistas respondiendo a alguna frase como título. Pueden ser frases como: «Me siento enojado cuando…» o «Mi enojo es así…».

Permite al niño sentir que su emoción es válida y notar que el maestro también trabaja con lo mismo. Además abre un panorama más amplio para el maestro en entender la emoción que está tratando de manejar el niño.

 

Dialogo 7.

El maestro puede guiar al niño en una comprensión más profunda de los recursos emo­cionales que encontramos en Dios al utilizar un diálogo como el siguiente:

«El que más nos puede ayudar con estas emociones, o sea, con nuestra vida interior, es Dios. Puedo enga­ñar a otros al poner una cara que no muestra lo que realmente siento, pero no puedo hacerlo con él. Él siempre sabe lo que realmente me pasa. Dios nunca se enoja con lo que sentimos. Eso sí, se preocupa mucho por el daño que esa emoción nos puede hacer a noso­tros o a otras personas. ¿Sabes lo que nos dice en medio de lo que estamos sintiendo? Nos dice: «A ver, ¿cómo te puedo ayudar con eso que estás sintiendo?». Siempre podemos pedir su ayuda para las emociones que estamos sintiendo, y él siempre nos escucha».

Nota: El maestro puede aprovechar este diálogo para entender mejor la comprensión espiritual que tiene el niño sobre la presencia de Dios en su vida. A veces se abre la posibi­lidad de guiar al niño en tomar una decisión personal con Dios a través de Jesucristo.

También se pueden enfocar algunos recursos específicos que nos ofrece Dios usando los siguientes métodos:

 

1. El «Salmo de las Emociones».

El maestro lee con el niño, (o pide que el niño lo lea), el Salmo 142:1-3a. Le puede explicar que Dios quiere que nosotros le expresemos todo lo que estamos sintiendo para que nos pueda ayudar a encontrar la solución. Cuando no hay otra persona con la cual podemos compartir estos sentimientos, siempre podemos hablar con el Señor de ellos.

Otra actividad posible es hacer con este pasaje u otros textos, señaladores bíblicos enmarcados para colo­car en la Biblia u otro libro. Si se confeccionan en forma grande, se pueden colgar sobre la pared. Es otra manera de dar validez a las emociones que está manejando el niño y encausar su necesidad hacia la ayuda que encontramos en Dios.

Alguna actividad con las emociones debe formar parte de todos los encuentros pastorales con los niños. Puede ser algo tan sencillo como hacerle la pregunta: «¿Cómo te sientes hoy? ¿Puedes mostrarme con las caritas alguna emoción que sentiste esta semana?». No sola­mente ayuda al niño a lograr familiaridad con su vida emocional, sino que le recuerda la importancia de lo que siente y le da la seguridad de saber que está entrando en un espacio seguro donde sus emociones tienen validez.

 

2. Las Láminas de Situaciones.

En una ocasión, una niña de 9 años de edad vino al consultorio pastoral porque la madre estaba preocupada por su conducta agresiva con la hermanita. La directora de la escuela dominical y yo trabajamos primero con ella sobre la base de sus emociones. Luego utilizando algunas láminas que había preparado para el encuentro, le preguntamos si había algunas que tenían que ver con las cosas que ella estaba viviendo en esos días y cómo la hacían sentir.

Para mi sorpresa, seleccionó una lámina de una madre enferma en la cama. Su comentario era que muchas veces su mamá no se quería levantar, porque estaba muy triste. Cuando le preguntamos qué emoción le hacía sentir eso, eligió la carita de la culpa y la del enojo.

Pudimos charlar a fondo sobre las cosas que sí podía hacer para ayudar a la mamá, pero le aseguramos que su tristeza no venía por su culpa ni tampoco era su responsabilidad hacer que su madre se sintiera mejor. Le aseguramos que nosotros estábamos para ayudar en esa situación y oramos juntas pidiendo la guía del Señor para saber ayudar a la madre.

La semana siguiente la madre empezó una serie prolongada de encuentros de consejería con una de las mujeres líderes de la congregación, y la situación emocional para ella y para su hija cambió completamente.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Más Que Maestros”

Por Betty S. de Constance

Lee El Niño y el Lenguaje del Dolor 5

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