Maestros de Niños – El Niño y su Familia 1

 

 

El mundo del niño es su familia. Es en el seno de la familia que, de acuerdo con el plan de Dios, el niño aprende quién es y cuánto valor tiene como persona. Aprenderá muchas otras cosas también, como la manera correcta o incorrecta de relacionarse con los demás, o cuáles son las capacidades que hay que desa­rrollar para poder vivir con éxito en el mundo.

En una familia cristiana tendrá oportunidad de relacionarse con Dios desde una temprana edad, y observará en su entorno coherencia o falta de la misma con relación a lo que Dios desea de sus hijos. Todo esto ocurre en mayor o menor grado, cuando el entorno familiar le ofrece al niño los elementos básicos de pro­tección, alimentación adecuada, amor, respe­to, buenos estímulos, límites coherentes y es­tabilidad económica.

Cuando faltan todos o algunos de estos elementos fundamentales, el niño se siente inseguro, temeroso y confundido, y sufrirá de una baja autoestima.

La tarea pastoral con la niñez nos obliga a entender las estructuras familiares que rodean al niño. Muchas de sus necesidades se desprenden de su relación con su familia y el maestro que entiende esto puede hacer mucho para ayudar al niño y fortalecer sus vínculos familia­res. Se puede saber con toda seguridad que casi todo niño tiene dificultades en algún mo­mento de su vida en las relaciones interpersonales con miembros de su familia y que éstas se reflejarán en sus actitudes y conductas.

 

1. Rivalidades Entre Hermanos.

Es muy normal que se formen actitudes de competencia entre los hermanos en una fami­lia. Puede nacer por el favoritismo expresado por los padres hacia uno de ellos, o puede expresarse por las marcadas diferencias en las capacidades que se exhiben entre ellos. O puede existir porque el niño del medio se siente desplazado o ignorado siempre.

Es muy común que la rivalidad exista porque son de sexos opuestos, y varones y mujeres se irritan por sus diferencias. Los factores son numerosos y complejos, pero a menudo las peleas entre hermanos son expresiones del desplazamiento que siente y el deseo de obtener de alguna manera la atención de los padres. Es importante para el niño que vive en situaciones de mucha rivalidad y peleas entre hermanos tener a personas que lo valoren por lo que él es. En esos casos, el maestro debe ayudarlo a entender el valor que tiene delante de Dios.

 

2. Rechazo.

Hay niños que muestran a través de sus conductas agresivas que están acumulando enojo y frustración por alguna situación en el nivel familiar. Generalmente tiene que ver con percepciones por parte de ellos, quizá erróneas, quizás no, de que son rechazados por algún miembro de la familia, especialmente el padre o la madre.

Una vez hablé con un alumno de diez años, adoptado, cuya agresividad en el aula había superado los límites de lo soportable. Le pregunté por qué hacía cosas que, evidentemente, iban a causar un rechazo por parte de los demás niños. Me contestó con una frase que me impactó:

—Ya estoy acostumbrado a que me rechacen —me dijo—. ¿Qué tiene?

Lógicamente, la complejidad de la sensación de rechazo que puede tener un niño no será percibida por la mayoría de los maestros, porque están con el niño por un tiempo muy limitado durante la semana. Aunque el maestro pueda percibir actitudes de rechazo en el niño, no es un terapeu­ta familiar para saber las razones que lo han creado. Sin embargo, el niño rechazado necesi­ta de un espacio donde alguien le puede ayudar a expresar lo que está sintiendo, ofreciéndo­le pautas sencillas para exteriorizar su frustración y enojo, sin dañar a otro y asegurándole que es aceptado como lo es por su maestro.

 

3. Sobrecarga Emocional.

Uno de los problemas más grandes que enfrentan los niños hoy en día tiene que ver con lo que algunos llaman «la renuncia de los padres a ser padres». Cuando un niño ve a sus padres abrumados frente a las circunstancias de la vida, siempre asumirá responsabilidad emocional por ellos.

—Mi papá no tiene trabajo —me compartió una niña de nueve años de edad— y yo no sé qué voy a hacer.

Ya estaba consciente de que la falta de empleo del padre iba a traer grandes problemas a la familia y ella estaba cargando el peso de esa circunstancia. Cuando uno tiene solamente nueve años, eso representa una carga demasiado pesada. No es fácil entender los factores que contribuyen a esta situación, pero en la tarea pastoral con los niños es imprescindible ayudarlos a enten­der que las cargas emocionales de los padres no son su responsabilidad.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Más Que Maestros”

Por Betty S. de Constance

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