Estamos casi en el último Salmo y todavía entre «Aleluyas». Este es un «nuevo cántico», evidentemente a propósito para la nueva creación y los hombres que tienen un nuevo corazón. Es el cántico que puede ser cantado a la venida del Señor, cuando la nueva dispensación derribe a los inicuos y honre a todos los santos. El tono es en extremo jubiloso y rebosante. En todo él se oye el resonar de tímpanos y arpas, al ritmo de los pies de las doncellas que golpean el suelo con sus saltos y danzas.

Versículo 1. Cantad al Señor un cántico nuevo. Entre nuestras novedades habrá cánticos nuevos; ¡ay!, los hombres tienen más apego a quejarse que a cantar Salmos nuevos. Nuestros nuevos cánticos deben ser dirigidos al honor de Jehová; en realidad, todos nuestros pensamientos nuevos deberían correr hacia El.

Un nuevo cántico. El viejo hombre es un cántico viejo; el nuevo hombre es un cántico nuevo. El Antiguo Testamento es un cántico viejo; el Nuevo Testamento es un cántico nuevo… Los que aman las cosas terrenas cantan un cántico viejo; que los que desean cantar un cántico nuevo amen las cosas de la eternidad. El amor es nuevo y eterno; por tanto, siempre es nuevo, porque nunca se vuelve viejo. (Agustín)

Versículo 4. Porque Jehová se complace en su pueblo. Pero, ¿por qué se complace el Señor en ellos? ¿Hay algo en ellos que El pueda contemplar con complacencia y deleite? No; ellos saben bien que no pueden tener pretensiones de esta clase. No es a causa de ellos, sino por causa de El mismo; es por amor a su nombre, su verdad, su misericordia que Él ahora les muestra su favor. El Señor «se complace en su pueblo» porque ellos son su pueblo; aquellos a quienes Él compró con su sangre, sí, renovó con su Espíritu y redimió con su poder. (Edward Cooper)

Hermosea a los humildes con la salvación. Ellos son humildes y tienen necesidad de la salvación; ÉI, es misericordioso y se la concede. Ellos lamentan su deformidad, y El los hermosea en forma selecta. Él los salva santificándolos, y así ellos llevan la hermosura de la santidad y la hermosura de un gozo que brota de la salvación. El hace a su pueblo humilde, y luego hermosea a los humildes. Aquí hay un argumento para adorar al Señor con la máxima exultación; a Aquel que se complace en nosotros tanto, es necesario que le demos toda clase de muestras de gozo exultante. Dios se complace en todos sus hijos, como Jacob amaba a todos sus hijos; pero los mansos son como José, y sobre ellos pone la túnica de muchos colores, hermoseándoles con paz, contento, gozo, santidad e influencia. Un espíritu manso y tranquilo es llamado «un ornamento», y, ciertamente, es «la hermosura de la santidad». Cuando Dios mismo hermosea a un hombre, es verdaderamente hermoso y lo es para siempre.

Dirige tus pensamientos a la mañana de la resurrección cuando esto corruptible se revestirá de incorrupción, esto mortal, de inmortalidad; cuando el cuerpo, elevado en honor y gloria, será revestido de hermoso ropaje y, siendo hecho como el cuerpo glorioso de Cristo, resplandecerá como el sol en el firmamento; cuando, unido a un espíritu a fin santificado, ya no será un peso y un estorbo, sino que será un incremento para su gozo, y participará y contribuirá a su felicidad espiritual.

Este es el significado del texto; ésta es la hermosura que El ha diseñado para su pueblo y para la cual los está preparando ahora. Considerando todo esto,’ con razón se les puede decir: «Alabad al Señor.» (Edward Cooper)

Versículo 5. Que los santos se regocijen en su gloria; que canten en sus camas incluso. Cuando los huesos están doloridos y el sueño huye de nosotros, pedimos a Dios que nos trate con misericordia; pero cuando nuestras dolencias han sido curadas, entonces ya no damos gracias, y la sensación de seguridad nos vuelve reacios a alabar. (William Bloys)

Los santos en gloria descansarán de sus labores, pero no de su alabanza. (Robert Bellarmine)

Este versículo se ha cumplido en las crisis solemnes de las vidas santas. En el lecho de muerte y en el cadalso o la hoguera, el gozo y la gloria han enfervorizado los corazones de los fieles testigos de Cristo. (Thomas Le Blanc)

Extracto del libro “El Tesoro de David”

Por C. H. Spurgeon

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