Versículos 3, 4, 5. Como dice sobre estos versículos san Agustín: «No se omite aquí ninguna clase de facultad. Todas se ponen a contribución para alabar a Dios.» El aliento es empleado para soplar la trompeta; los dedos son usados en los instrumentos de cuerdas como el salterio y el arpa; toda la mano para golpear el tamboril; los pies para moverse en la danza; hay instrumentos de cuerda; hay el órgano (ugab, syrinx) compuesto de tubos como flautas variados, y combinados, y los címbalos, que resuenan el uno contra el otro. (C. Wordsword)
La pluralidad y la variedad de estos instrumentos eran apropiadas para representar las diversas condiciones del hombre espiritual, y la grandeza del gozo que se encuentra en Dios, y para enseñar qué estímulo ha de haber de los afectos y potencias de nuestra alma, y del uno al otro, para la adoración a Dios; qué armonía debe haber entre los que adoran a Dios, qué melodía debe entonar cada uno al cantar a Dios con gracia en su corazón, y para mostrar la excelencia de la alabanza a Dios, que ningún instrumento, o medio de expresión cualquiera, puede proclamar de modo suficiente. (David Dickson)

Patrick tiene una nota interesante sobre los muchos instrumentos de música del Salmo ciento cuarenta y nueve, que podemos citar aquí: «Los antiguos habitantes de Etruria usaban la trompeta; los arcadios, el silbato; los de Sicilia, el pandero; los de Grecia, el arpa; los tracios, la corneta; los lacedemonios, la flauta; los egipcios, el tambor; los árabes, el címbalo (Clem., Paedag. II:4).» ¿No podemos decir que en esta enumeración de instrumentos musicales del Salmo hay una referencia a la variedad que existe entre los hombres en el modo de expresar el gozo y estimular el sentimiento? (Andrew A. Bonar)

Versículo 6. Todo lo que respira, alabe a JAH. «Que todo lo que respira le alabe»; esto es, todo ser vivo. El les dio aliento; que este aliento se transforme en alabanza a El. Su nombre está compuesto en el hebreo, más bien, de, exhalaciones que de letras, para mostrar que todo aliento viene de El; por tanto, úsese para El. Unámonos, todas las criaturas vivientes, en el Salmo eterno. Pequeñas o grandes, no escatimemos nuestra alabanza. ¡Qué día será cuando todas las cosas, en todos los, lugares, se unirán para glorificar al único Dios vivo y verdadero! Este será el triunfo final de la iglesia de Dios.

No hay nada en el Salterio más majestuoso o más hermoso que este breve pero significativo final, en el cual predomina la solemnidad en el tono, sin perturbar en nada el entusiasmo y alegría que la conclusión del Salterio tiene por designio producir, como si fuera una alusión simbólica al triunfo que espera a la iglesia y a todos sus miembros cuando, después de muchas tribulaciones, entren en su descanso. (Joseph Addison Alexander)

¡Aleluya! ¡Alabad al Señor! Una vez más, «Aleluya!». Así termina el Salmo con una nota de alabanza; y así termina el Libro de los Salmos con unas palabras de extática adoración. Lector, ¿no quieres hacer una pausa y adorar al Señor tu Dios? ¡Aleluya! ¡ALELUYA!

Extracto del libro “El Tesoro de David”

Por C. H. Spurgeon

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