¡Todas estas cosas necesitan oración concreta y comple­ta! Detrás de diversas dificultades hay demonios que realmente sostienen las riendas. Si no velamos, pudiéra­mos considerar que estas son puramente dificultades hu­manas o físicas. Pero si tenemos discernimiento espiri­tual, veremos a través de estos obstáculos y echaremos fuera a los demonios que se esconden detrás de ellos. Al­gunas veces, como lo indicó el Señor, «este género no sa­le sino con oración y ayuno» (Mateo 17: 21). Esto requie­re que estemos velando, por una parte, y orando persistentemente, por la otra. De otro modo, estas difi­cultades sobresaldrán como una montaña, y nos hará viajar alrededor de ella en vez de echarla al mar. ¡Oh, que podamos estar despiertos, que podamos orar cabal­mente, desenmascarar todas las asechanzas de Satanás, destruir todas sus fortalezas, y echar fuera todos los de­monios que se esconden detrás de cada dificultad!

Tenemos que velar no sólo antes de la oración y durante ella, sino también después. Necesitamos vigilar cuidado­samente todos los cambios que vienen después de nues­tra oración. Todas las oraciones sinceras que se hacen cuando hay una carga, se hacen «en todo tiempo» y «con toda oración»; no sólo una vez, sino muchas veces; no sólo en una dirección, sino en muchas direcciones. De modo que después de cada oración, debemos notar si hay algún nuevo descubrimiento, algún nuevo cambio, algún nuevo movimiento.

Esto no es distinto de la oración que Elías hizo allí en la cima del Carmelo. Él se inclinó hasta la Tierra y colocó su cara entre las rodillas. Siete veces envió a su siervo a que fuera y mirara el mar, hasta que el siervo informó que veía una pequeña nube como del tamaño de la ma­no de un hombre, que se levantaba del mar. Luego, en­vió su siervo a que fuera a decirle al rey Acab que prepa­rara la carroza y descendiera, para que la lluvia no lo atajara (1 Reyes 18: 42-44). Tampoco se diferencia de la oración de Elíseo por el niño de la sunamita: «… se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él y el cuerpo del niño entro en calor (…) y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos» (2 Reyes 4:34-36). Luego devolvió el niño a la madre. Ni Elías ni Elíseo se arrodillaron simplemente para orar. Los dos oraron, y luego observaron los efectos de sus súplicas en el cambio de los ambientes.

Supongamos que usted ora por una persona que se opone al Señor, y le pide a Dios que haga que tal indi­viduo crea. Usted hace por él toda clase de oraciones, y también recibe la promesa de Dios. Sin embargo, la si­tuación externa parece empeorar: el individuo se opo­ne al Señor más fuertemente que nunca antes. Usted no puede descartar este cambio y continuar con su antigua oración. Tiene que notarlo y decírselo a Dios. Si usted vela, recibirá luz de Dios, y sabrá que su oración ya ha influido en el amigo incrédulo. Usted comenzará a ala­bar a Dios. Debe cambiar su oración y volver a arreglar su red. Tal vez, después de algún tiempo, la actitud de dicho individuo se vuelva suave y bondadosa. Una vez más usted puede cambiar su oración, y colocar otra red. El cambio de la oración, según se observe la situación, exige que uno vele constantemente.

Efesios 6 es un capítulo que se refiere a la guerra espiri­tual, lo más importante de la cual es la última oración mencionada. Recordemos que el blanco que más fácil­mente es atacado en la vida de un hijo de Dios es la ora­ción. Por tanto, tenemos que velar en la insistencia de apartar tiempo para la oración, proteger la oración que se hace, evitar todo aquello que no son reales oraciones, e impedir que Satanás interrumpa nuestra oración con sus perversos artificios. Sepamos en todo momento que la oración es un ministerio, un servicio más excelente. Debemos velar y orar; debemos aprender a orar diligen­temente, y no debemos permitir que Satanás se aprove­che de la más mínima oportunidad para destruir nuestra oración.

Extracto del libro “El Ministerio de Oración de la Iglesia”

Por Watchman Nee

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