Sí, hay una fe en Cristo que salva, pero también hay una fe en Cristo la cual no salva. Pocos, probablemente, podrán disentir de esta declaración, sin embargo muchos sí se inclinarán a debilitar su significado diciendo que esta fe en Cristo que no salva es, meramente, una fe histórica, donde se cree acerca de Cristo en vez de creer en él. No, no es así. No negamos que existen quienes confunden una histórica con una fe salvadora en Cristo; pero lo que queremos enfatizar es el hecho solemne de que también están aquellos que tienen más que una fe histórica, más que un mero conocimiento intelectual acerca de él; pero tienen una fe que se queda corta de ser viva y salvadora. No sólo hay algunos de estos hoy, sino que son un vasto número los que nos rodean. Estos son los que representan e ilustran aquellos creyentes Antiguo Testamentarios que creían, confiaban, y se apoyaban en el Señor, pero quienes no obstante, eran personas no salvas.

Entonces, ¿en qué consiste la fe salvadora? Al tratar de responder esta pregunta nuestro objetivo presente es proveer no solamente una definición escriturar, sino una que, al mismo tiempo, establezca una diferencia con la fe que no salva. Tampoco es esta una labor fácil pues ambas tienen mucho en común: esa fe que no salva tiene en ella más de un elemento o ingrediente de la fe que sí une vitalmente al alma con él. Los errores en que el escritor debe evitar caer son el provocar desaliento desmedido de los santos verdaderos por un lado, al poner los estándares más altos de lo que la Escritura los ha puesto; y, por el otro, el animar a los profesantes no regenerados, rebajando los estándares a fin de incluirlos. No deseamos quitarle al pueblo de Dios la porción que legítimamente le corresponde, ni deseamos cometer el pecado de tomar el pan de los hijos de Dios y tirárselos a los perros. ¡Qué el Espíritu Santo mismo se digne a guiarnos a la verdad!

Se evitarían muchos errores en este tema si se pusiera un especial cuidado en formular una definición escritural de incredulidad. Una y otra vez en la Escritura encontramos el creer y el no creer como antítesis, y se nos da mucha ayuda para arribar a una concepción correcta de la verdadera naturaleza de la fe salvadora. Cuando obtenemos una correcta comprensión del carácter de la incredulidad, inmediatamente se descubre que la fe salvadora es mucho más que un asentir de corazón con lo que la Palabra de Dios establece delante de nosotros; esto es, cuando percibamos que la incredulidad es mucho más que un error de juicio o fallo en asentir con la verdad.

La Escritura establece la incredulidad como un violento y virulento principio de oposición a Dios. La incredulidad tiene tanto un lado pasivo como uno activo, uno negativo como uno positivo, y; por lo tanto, el sustantivo griego que se usa para «incredulidad» (Romanos 11:20; Hebreos 4:6, 11), y «desobediencia» (Efesios 2:2; 5:6) es el mismo; así como el verbo «no creyeron» (Hebreos 3:18; 11:30) y «no obedecieron» (I Pedro 3:1; 4:17). Unos pocos ejemplos concretos harán este asunto más claro.

Tome primeramente el caso de Adán. Hubo más que el mero fallo negativo de creer la amenaza solemne de Dios de que el día que comiera de la fruta prohibida ciertamente moriría; «por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores» (Romanos 5:12). Tampoco la atrocidad del pecado de nuestro primer padre consistió en escuchar la mentira de la serpiente, pues 1º Timoteo 2:14 expresamente declara que: «Adán no fue engañado». No, él estaba determinado a hacer su propio deseo, no importa lo que Dios había prohibido o amenazado. Por tanto, el primer caso de incredulidad en la historia de la raza humana consistió no sólo en fallar negativamente en tomar de corazón lo que Dios había clara y solemnemente dicho, sino en un desafío deliberado y una rebelión en contra de él.

Tome el caso de Israel en el Desierto. Con respecto a ellos se dice: «Vemos pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidad» (Hebreos 3:19). Ahora, exactamente ¿Qué es lo que esas palabras significan? ¿Significan que perdieron Canaán porque ellos fracasaron en apropiarse de la promesa de Dios? Sí, porque una «promesa» de entrar les fue «anunciada» a ellos, pero no estuvo «acompañada por la fe en los que oyeron» (Hebreos 4:1-2). Dios había declarado que la semilla de Abraham debía heredar la tierra que fluía leche y miel, era el privilegio de esa generación que fue sacada de Egipto al apropiar y aplicar esa promesa para ellos. Pero no lo hicieron. ¡Sin embargo eso no es todo!

Extracto del libro “La Fe Salvadora”

Por A.W.Pink

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Casado y padre de tres hijos.

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