Algunos de nuestros lectores, probablemente se sorprenderán de oír acerca de la dificultad de la fe salvadora. En casi todas las escuelas de hoy día se enseña, aun los ortodoxos y «fundamentalistas», que salvarse es un asunto sumamente simple. Siempre y cuando una persona crea en Juan 3:16, «descanse en él» o «acepte a Cristo como su Salvador personal», esto es todo lo que se necesita. Se dice, muy a menudo que no hay nada que el pecador tenga que hacer sino sólo dirigir su fe hacia el objeto correcto; así como un hombre confía en su facultad de fe y confiar en Cristo. Esta idea ha sido recibida tan ampliamente que condenarla en estos tiempos es acarrearse la marca de hereje. No obstante, el que aquí escribe denuncia esto, sin duda alguna, como la mentira más insultante a Dios de parte del diablo. Una fe natural es suficiente para confiar en un objeto humano; pero una fe sobrenatural se requiere para confiar de forma salvadora en un objeto Divino.

Al observar los métodos empleados por estos «evangelistas» el día de hoy y por los «ganadores de almas», nos preguntamos, ¿qué lugar ocupa el Espíritu Santo en sus pensamientos? No hay duda de que ellos tienen la más degradante concepción de ese milagro de la gracia que él realiza al mover un corazón humano a entregarse verdaderamente al Señor Jesucristo. ¡Qué lástima que en estos tiempos tan degenerados son pocos los que tienen cierta idea de que la fe salvadora es una cosa milagrosa!

Por el contrario, se supone casi universalmente, que la fe salvadora no es nada más que un acto de la voluntad humana, que cualquiera puede realizar: todo lo que se necesita es presentarle al pecador unos versos de la Escritura que lo describan en su condición perdida, uno o dos que contengan la palabra «creer», y luego una pequeña persuasión para que él «acepte a Cristo», y ya el asunto está concluido. Y lo peor es que muy, pero muy pocos ven nada o algo malo en esto – ciegos al hecho de que semejante proceso es tan sólo la droga del diablo para arrullar a miles en una falsa paz.

Son muchos los que han sido llevados a creer que son salvos. En realidad, su «fe» surgió tan sólo de un superficial proceso de lógica. Un «ganador de almas» se dirige a un hombre que no tiene ninguna preocupación por la gloria de Dios, que no se da cuenta de su terrible hostilidad hacia él, y éste, ansioso de «ganar otra al alma para Cristo», saca su Nuevo Testamento y le lee 1º Timoteo 1:15. El obrero le explica: «Usted es un pecador», luego le lee Juan 3:16, y le pregunta: ¿A quién incluye la frase «todo aquel»? La pregunta se la repite hasta que la pobre víctima responde: «Usted, yo y todo el mundo». Entonces, le pregunta lo siguiente: «¿Lo creerá?» ¿Creerá que Jesús lo ama y que Cristo murió por usted? Si la respuesta es «Sí», es inmediatamente asegurado de que él ahora es salvo. ¡Ah, querido lector, si fue así que usted fue «salvo», entonces fue con «palabras engañosas de humana sabiduría» y su «fe» está basada solamente «en la sabiduría de los hombres» (1º Corintios 2:4-5) y no en el poder de Dios!

Hay multitudes que piensan que es tan fácil para un pecador el purificar su corazón (Santiago 4:8) como es para él lavarse las manos; admitir la escrutinante y fulminante luz de la verdad divina en nuestra alma como se admite el sol de la mañana en las habitaciones al abrir las cortinas; cambiar de los ídolos a Dios, de este mundo a Cristo, del pecado a la santidad, como cambiar un barco en dirección totalmente opuesta con la ayuda de su timón. ¡Oh, lector, no se deje engañar con este asunto tan vital! Mortificar los deseos de la carne, ser crucificado para el mundo, vencer al diablo, morir diariamente al pecado y vivir para la justicia, ser manso y humilde de corazón, confiado y obediente, piadoso y paciente, fiel y sin compromisos, amante y gentil, en una palabra ser un cristiano, ser semejante a Cristo, es una labor mucho más allá, superior a los pobres recursos de la naturaleza humana.

El hecho de que consideren esto algo tan simple se debe a que ha surgido hoy una generación completamente ignorante de la verdadera naturaleza de la fe salvadora. Son tan pocos los que tienen un concepto escritural del carácter de la gran salvación de Dios que provoca que esta ilusión o delirio sea tan ampliamente recibida. Una ve se haya comprendido que la salvación de Dios no es solamente algo legal sino también experimental, que no sólo justifica sino que son participantes de ella. Una ve se entienda que Cristo vino para salvar a su pueblo no sólo del infierno, sino del pecado, de la voluntad propia y auto-gratificación del hombre, menos personas desearían su salvación.

El Señor Jesucristo no enseñó que la fe salvadora era un asunto simple. Muy lejos de esto, en vez de declarar que la salvación del alma era algo fácil, él dijo: «Porque estrecha es la puerta, y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan» (Mateo 7:14). El único camino que lleva al cielo es uno difícil y laborioso. «Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios» (Hechos 14:22). La entrada al camino pide de los mayores esfuerzos del alma: «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán» (Lucas 13:24).

Extracto del libro “La Fe Salvadora”

Por A.W.Pink

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