Clásicos Cristianos – El Apóstol Pablo 1

 

Quisiera que tuviésemos ahora una entre­vista con Pablo mismo, pues podemos aprender mucho de él.

Es casi demasiado oscuro para poder verlo en esa horrible cueva. El tétrico calabozo, la inmundicia cubre el piso hasta hacerlo aparecer un camino poco transitado, el viento sopla a través de una única mirilla a la cual llaman ven­tana. El pobre anciano, sin su capa, se envuelve en sus raídas vestiduras. A veces lo veis arrodi­llado, orando, y luego moja su pluma en la tin­ta y escribe a su querido hijo Timoteo. Ningún compañero, salvo Lucas que ocasionalmente lle­ga a estar un tiempo con él. ¿En qué estado de ánimo lo hallamos?

Lo hallamos lleno de confianza en la religión que tanto le ha costado; pues en 2º Timoteo 1:12 dice: «Por lo cual asi­mismo padezco esto: mas no me avergüenzo; porque yo sé a quién he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día».

Sin duda, a menudo su naturaleza le habrá dicho: «Pablo, ¿por qué lo has aban­donado todo por tu religión? Te ha reducido a la mendicidad. Ve, la has predicado, ¿y cuál es la recompensa? Los mismos a quienes has convertido te han olvidado. Abandónala, aban­dónala, no puede ser que valga tanto. ¿Por qué no te traen ni siquiera una capa para envolver­te? Te dejan aquí temblando de frío, y pronto tu cabeza será separada del cuerpo. «Ríndete y retírate». «No», dice el apóstol, «yo sé a quién he creído».

Yo he oído de gente que dice: Des­de que soy cristiano me va mal en los negocios, por consiguiente voy a dejar». Pero nuestro apóstol se aferra a ello con alma y vida. Pensad en lo que significa para el apóstol decir: «Yo sé a quién he creído». Para nosotros es muy fácil decirlo. Nosotros estamos muy cómodos, sen­tados en nuestros bancos, de aquí iremos a nues­tros hogares a disfrutar de una abundante co­mida; tenemos amigos que nos sonríen, y no es difícil decir «Yo sé a quién he creído»; pero si fueseis vejados por un lado por Hermógenes y Fileto, y por otro lado por Alejandro el cal­derero y Demás, no encontrarías tan fácil de­cir «El Señor es fiel».

He aquí, pues, un campeón que está tan firme en la adversidad co­mo en los mejores tiempos «Sé tener abundan­cia», había dicho en cierta ocasión; y ahora, puede decir: «Sé pasar hambre: sé ganar y sé pedir».

Pero no sólo está confiado. Notaréis que es­te gran anciano está en comunión con Cristo en sus sufrimientos. Volvamos a 2º Timoteo 2:10. ¿Usó jamás alguien un lenguaje más dulce que éste? «Por tanto todo lo sufro por amor de los escogidos, para que ellos también consigan la salud que es en Cristo Jesús con gloria eterna. Es palabra fiel. Que si somos muertos con él también viviremos con él: si sufrimos, también reinaremos con él: si le ne­gáremos, él también nos negará: si fuéremos in­fieles, él permanece fiel: no se puede negar a sí mismo».

¡Ah! Son dos los que están en el calabozo, no sólo el hombre que está sufrien­do como un malhechor, en cadenas, sino que junto a él se sienta uno semejante al Hijo del Hombre, compartiendo sus angustias y llevan­do todo su desaliento, y manteniendo así le­vantada su cabeza. Bien puede el apóstol re­gocijarse en que tiene comunión con Cristo en sus sufrimientos, sintiéndose confortado hasta la muerte.

(CONTINÚA…)

Por C. H. Spurgeon

Lee El Apóstol Pablo 2

2 Comentarios

  1. Hola Claudio. ¡¡Bienvenido!! ¡Gracias por compartir y por permitir que la Palabra de Dios llegue a tu vida! Bendiciones y que tengas un excelente 2011.

  2. muy buenos los devocionales , imaginados como historias y comentarios en contexto con los pasajes biblicos desde ya muchas gracias por hacercarnos esto todod los dias , sigan asi adelante y bendiciones

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