Clásicos Cristianos – En Cristo las Diferencias Entre las Clases Sociales Fueron Abolidas.

 

Pasaje clave: Gálatas 3:27-28.

A diario tenemos que enfrentar el problema de las distinciones de clases sociales entre los hombres.

Pablo escribió sus epístolas cuando la práctica de la esclavitud había alcanzado su cenit bajo el imperio romano. En aquel tiempo, había un mercado de ganado, un mercado de ovejas y un mercado de seres humanos. Esto es semejante a las bolsas de valores que existen en la ciudad de Shanghái en los cuales se compran y venden textiles, materias primas, mercancías y oro. En aquella época, se practicaba en Roma la compra y venta de seres humanos.

Los romanos pelearon muchas batallas y capturaron muchos prisioneros, los cuales eran llevados al mercado para ser vendidos. Si a un amo le parecía que los hijos de un esclavo estaban consumiendo demasiados alimentos, él podía llevarlos al mercado y ponerlos a la venta. Esta práctica era muy común en Roma. Los seres humanos eran comprados y vendidos como cualquier otra mercancía. Incluso se medía cuán rentable era un esclavo por la cantidad de hijos que podía producir, aquellos que producían más, eran vendidos por un mejor precio. En aquellos tiempos, la distinción entre un hombre libre y un esclavo era enorme.

Si bien la noción de democracia procede de Roma y fue en Roma donde se originaron los derechos civiles, el sufragio y las votaciones; tales derechos solamente eran para los hombres libres, los esclavos no tenían ningún derecho. Si uno mataba a un esclavo, únicamente tenía que negociar con el dueño el valor monetario correspondiente y pagar lo acordado. El esclavo no tenía derechos civiles y no era considerado como un ser humano. Los hijos de los esclavos nacían esclavos y pertenecían al amo de sus padres.

Pero mucho antes de que el mundo aboliera la esclavitud, la Palabra de Dios ya había abolido tales distinciones de clases. En sus epístolas a los corintios, los gálatas y los colosenses, Pablo estableció claramente que no había distinción entre el libre y el esclavo. Tal distinción es abolida en Cristo.

En el Nuevo Testamento, el libro de Filemón habla sobre Onésimo, un esclavo de Filemón. Filemón era colaborador de Pablo. Cuando Onésimo creyó en el Señor, él también llegó a ser un hermano. Cuando estaban en casa, Onésimo era el esclavo y Filemón era el amo. Pero si Filemón llevaba a Onésimo a la reunión de la iglesia, Onésimo sería llamado hermano de Filemón y no su esclavo. En la iglesia, la relación amo-esclavo no tiene cabida. Cuando se arrodillaban juntos a orar, Onésimo era hermano de Filemón. Pero cuando se levantaban e iban a sus respectivos trabajos, Onésimo era el esclavo de Filemón. En el Señor, ellos eran uno; en el nuevo hombre eran uno; y en el Cuerpo también eran uno.

Les ruego que se fijen en esto: en Cristo la relación amo-esclavo no existe, en el nuevo hombre tal clase de relación no existe y en la iglesia tampoco existe. En Cristo, todas las distinciones entre las diversas clases sociales han sido completamente abolidas. Ya no hay conciencia de clase, ni lucha de clases.

Ante Dios, debemos comprender que quizás seamos siervos, subalternos o empleados y, como tales, debemos asumir nuestra posición en nuestro centro de labores y aprender a sujetarnos a nuestros superiores o amos. Sin embargo, cuando venimos ante Dios, no debiéramos ceder ante cualquiera simplemente porque se trata de nuestro amo o nuestro jefe. En nuestras conversaciones sobre asuntos espirituales, no debiéramos considerar que nuestros amos o superiores siempre estén en lo correcto, ni que sus razonamientos sean siempre los correctos. No existe tal cosa. Todas las veces que nos arrodillamos para orar o reflexionar sobre asuntos espirituales, nuestro estatus cambia y las distinciones de clase dejan de existir entre nosotros.

No podemos introducir en la vida de iglesia ninguna de estas relaciones determinadas por las distinciones de clases sociales, porque tal clase de relaciones no existe en la iglesia.

Recordemos que Santiago condenó tales actitudes como pecaminosas. Él describió que cuando un rico asistía a la reunión, se le asignaba el mejor asiento, mientras que cuando entraba un pobre, se le decía que se quedase de pie o que se sentase bajo un estrado. Todas las veces que nos reunimos para tener comunión con los hijos de Dios, tenemos que tener bien en claro que estamos posicionados en Cristo, en el nuevo hombre y en el Cuerpo. Nuestra posición no está basada en ninguna distinción de clase social.

Únicamente los cristianos, aquellos que están en Cristo, pueden abolir todas las distinciones de clases. Los jóvenes deben darse cuenta de que su jefe cristiano, por ser un creyente en Cristo, es hermano suyo, y que su subalterno cristiano, también es su hermano. Su amo cristiano es su hermano, y su esclavo cristiano es su hermano también. La distinción entre el libre y el esclavo es completamente anulada, tal distinción ha dejado de existir.

Para nuestra comunión con nuestros hermanos y hermanas únicamente podemos basarnos en lo poco que el Señor nos ha dado. Todos somos hermanos y hermanas. Si hacemos esto, seremos grandemente bendecidos por el Señor y la iglesia será llena del amor del Señor.

Extracto del libro “Mensajes Para Edificar a los Creyentes Nuevos”

Por Watchman Nee

2 Comentarios

  1. Hola yo soy un lector de ustedes, gracias a estos devocionales voy alimentandome diariamente.Tengo una duda que es la siguiente yo tengo 40 años y me empieza a gustar mucho una chica de 26 años ¿hay algun problema?

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