Clásicos Cristianos – En Cristo, las Marcas de Devoción en la Carne Fueron Anuladas

 

La última diferencia de la cual se habla en Colosenses 3:10-11 es la circuncisión y la incircuncisión. Esto hace referencia a la distinción que se hace basada en marcas externas de devoción. Sabemos que los judíos eran circuncidados y llevaban en sus cuerpos una marca que indicaba que ellos pertenecían a Dios, que ellos temían a Dios y que negaban la carne. Al hacerlo, ellos se ponían bajo el pacto de Dios y llegaban a formar parte de este pacto.

Mucha gente (particularmente los judíos) ama la circuncisión. Ellos creen que únicamente aquellos que han sido circuncidados están bajo el pacto de Dios, mientras que aquellos que no han sido circuncidados no lo están. Una judía no podía casarse con alguien que no ha sido circuncidado. Hechos 15 nos cuenta que incluso los creyentes gentiles fueron obligados a circuncidarse. Los judíos le daban mucha importancia a esta marca de piedad en la carne.

Hoy en día, nosotros también podemos caer en el mismo error que los judíos, al dar excesiva importancia a los signos externos. Por ejemplo, quizás yo haya sido bautizado por inmersión, mientras que otro hermano fue bautizado por aspersión. La Palabra de Dios nos dice que debemos ser bautizados por inmersión. Es cierto que debemos ser bautizados por inmersión, sin embargo, si yo me considero mejor que mi hermano por haberme bautizado por inmersión; entonces, habré hecho de tal bautismo una marca de devoción. Si considero que mi hermano está equivocado delante del Señor debido a que no ha sido bautizado por inmersión, estoy haciendo del bautismo por inmersión una causa de separación.

La práctica de cubrirse la cabeza tiene para las hermanas cierto significado espiritual. Sin embargo, puede llegar a convertirse en una marca en la carne. El partimiento del pan tiene cierto significado espiritual, pero también puede convertirse en una mera marca en la carne. La imposición de manos tiene su propio significado espiritual, pero puede llegar a ser, igualmente, una marca en la carne. Todas estas cosas ciertamente poseen gran significado espiritual. Pero si son usadas para separar a los hijos de Dios, todas ellas perderán todo significado espiritual y se convertirán en meras marcas de la carne. En realidad, llegarán a ser semejantes a la circuncisión.

Les ruego que no me malinterpreten, más bien procuren entender lo que les quiero decir. No vayan a pensar que no estamos de acuerdo con el bautismo por inmersión, el partimiento del pan, la práctica de cubrirse la cabeza o la imposición de manos. Lo que estoy tratando de mostrarles es que, una vez que usted separa a los hijos de Dios usando estas cosas, usted está haciendo distinciones según la carne. En Cristo, no hay circuncisión ni incircuncisión. Los símbolos físicos no deben ser usados para separar a los hijos de Dios. En Cristo somos uno. La vida que está en Cristo es una sola.

Pablo dejó claramente establecido que la circuncisión no es para la purificación de las impurezas de la carne, sino para remover las actividades carnales. A los ojos de Dios, lo que cuenta es la realidad interna, y no las cosas externas. Si hemos recibido la misma revelación internamente, entonces no tenemos por qué hacer divisiones basadas en las diferencias externas. Si una hermana no asume la posición de sujeción que le corresponde, y para cierto hermano su bautismo no constituye una separación del mundo ni representa ser sepultado y resucitado juntamente con el Señor; entonces él o ella están muy lejos de la verdad. En tales casos, la responsabilidad no es nuestra. No obstante, si una persona comprende que el bautismo es la sepultura y resurrección de uno junto a Cristo, pero tiene una perspectiva ligeramente diferente a la nuestra con respecto a los signos externos, nosotros no podemos dañar la unidad por causa de tales diferencias mínimas.

Ustedes no pueden separarse de los demás simplemente porque sean obedientes al Señor con respecto a ciertos símbolos físicos. Es erróneo separar los hijos de Dios debido a tales cosas.

Todos nosotros somos hermanos y hermanas. En Cristo somos un nuevo hombre. Somos miembros del mismo Cuerpo. En la iglesia, hemos anulado toda distinción fuera de Cristo. Todos nosotros estamos sobre un nuevo terreno. Todos estamos en el único nuevo hombre que el Señor ha establecido, así como en el Cuerpo único que fue creado por el Señor.

Tenemos que ver que todos los hijos de Dios son uno. No podemos considerar a nadie conforme a una manera especial de ver las cosas. Tenemos que erradicar completamente el denominacionalismo y toda posición sectaria de nuestro corazón. Si hacemos esto, habremos dado otro paso hacia adelante.

Extracto del libro “Mensajes Para Edificar a los Creyentes Nuevos”

Por Watchman Nee

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