Clásicos Cristianos – En Cristo las Diferentes Nacionalidades Fueron Abolidas.

 

Pasaje clave: Gálatas 3:27-28.

 

A. No hay Distinción entre Judío y Griego.

La distinción más notoria que se hace en el mundo es la basada en las nacionalidades. Los judíos y los griegos son dos razas muy distintas. Los judíos son muy nacionalistas. Ellos son descendientes de Abraham, son el pueblo elegido por Dios y constituyen la única nación que Dios estableció sobre la tierra. Ellos están separados del resto de las naciones y son un pueblo especial para Dios. Pero ellos, en lugar de humillarse delante de Dios y exaltarle a Él, son muy orgullosos y se jactan de sí mismos delante de los demás pueblos. Su orgullo hace que lleven su nacionalismo a grados extremos. Ellos menosprecian a todas las naciones gentiles. A los ojos de los judíos, los gentiles son animales, perros. Ellos no reconocen de ningún modo a los gentiles.

Es posible que un judío llegue a creer en el Señor Jesús y se identifique como cristiano, pero es muy difícil persuadirle a que vaya a predicar el evangelio a los gentiles. El libro de Hechos nos cuenta que el evangelio fue predicado primeramente a los judíos el día de Pentecostés. Después, cuando el evangelio llegó a Samaria, los que fueron salvos eran judíos también. A fin de poder predicar el evangelio a los gentiles, el Señor tuvo que levantar a Pablo y encargarle que predicara a los gentiles. Aun así, esto no se comenzó de inmediato en Antioquía, sino que fue Pedro quien tuvo que dar inicio a tal predicación en Cesarea.

A Pedro, quien era un apóstol enviado a los judíos, le resultó muy difícil acercarse a los gentiles, y es por eso que tuvo que ver tres veces la visión y tuvo que escuchar tres veces al Señor ordenándole: “Levántate, Pedro, mata y come”. De no haber sucedido esto, Pedro nunca se hubiera atrevido a ir a los gentiles. Esta fue la primera vez que el evangelio fue predicado a los gentiles, y sirve para mostrarnos cuán renuentes eran los judíos a predicar el evangelio a los gentiles.

En Hechos 15 surgió el problema con respecto a la circuncisión y la observancia de la ley. Algunos de los judíos alegaban que los creyentes gentiles debían ser circuncidados y observar la ley de Moisés. En realidad, ellos estaban afirmando que para que un gentil llegara a ser cristiano, debía primero hacerse judío. ¡Cuán prevaleciente era la barrera del nacionalismo! Los gentiles tuvieron que esperar hasta Hechos 15 para poder ser eximidos de la circuncisión y de la observancia de la ley. Sólo entonces, Pedro y los demás les dijeron a Pablo y Bernabé que podían ir a los gentiles con entera libertad y asegurarles que todos ellos seguirían participando de la misma comunión.

Gálatas 2 nos dice que Pedro fue a Antioquia y comió con los gentiles. Pero cuando llegaron algunos enviados por Jacobo, Pedro se retrajo y se apartó porque tuvo temor a los de la circuncisión. Pablo tuvo que reprenderlo públicamente por no andar conforme a la verdad del evangelio. La cruz ya había derribado la pared intermedia de separación y no debería haber judíos ni gentiles.

Podemos ser judíos o gentiles, pero esperamos que el Señor nos bendiga con la comprensión de que en Cristo todos nosotros fuimos hechos uno. Nuestra nacionalidad ha sido abolida y las distinciones que hacemos basadas en nuestras nacionalidades, ya no tienen cabida. Ya sea que alguien sea un creyente chino, un creyente inglés, un creyente hindú o un creyente japonés, él ha llegado a ser un hermano o hermana en Cristo. No podemos separar a los hijos de Dios según sus nacionalidades. No podemos tener un cristianismo chino. Si es chino, entonces deja de ser Cristo. O es “chinismo” o es “cristianismo”, no existe un cristianismo chino. Estos dos calificativos se contradicen mutuamente.

Todos somos hermanos y hermanas en el Señor. No pueden existir distinciones basadas en la nacionalidad. Esto es bastante obvio. En el Cuerpo de Cristo, en el nuevo hombre, somos plenamente uno; no existe ninguna clase de distinción basada en la nacionalidad. Incluso un nacionalismo tan prevaleciente como el de los judíos, ha sido anulado por el Señor.

 

B. La Cruz derribó la Pared Intermedia de Separación.

En el libro de Efesios se hace referencia a una pared que dividía a los judíos de los gentiles. Ambos pueblos estaban separados; pero la cruz derribó la pared intermedia de separación. Todos llegamos a ser uno en Cristo.

En algunas personas, el sentimiento nacionalista es tan fuerte que no pueden ser cristianos apropiados. Yo he recibido la vida de Cristo, y un hermano de Inglaterra, o un hermano de India o Japón, también ha recibido la misma vida; entonces, estamos unidos según la vida de Cristo y no según nuestras nacionalidades. Tenemos que comprender esto claramente. En Cristo, ya no existen tales diferencias. Esto constituye un hecho glorioso, una verdad realmente gloriosa. En la iglesia, Cristo es el único que existe. Cristo es todo, y en todos y no hay nada además de Cristo.

Extracto del libro “Mensajes Para Edificar a los Creyentes Nuevos”

Por Watchman Nee

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