Continuemos.

Cuando Acab fue rey, la palabra del Señor vino explí­citamente a Elías, diciendo: «… yo haré llover sobre la faz de la tierra». Sin embargo, Dios no hizo llover has­ta que Elías hubo orado (ver 1 Reyes 18:1, 41-45). Dios se niega a cumplir su voluntad solo; Él quiere que nosotros oremos antes de ejecutarla. Entonces, ¿en qué consiste la oración? Es como sigue: en primer lu­gar, Dios tiene su voluntad; en segundo lugar, nosotros encontramos su voluntad, entonces oramos; y tercero, cuando oramos, tenemos la seguridad de que Dios oye nuestra oración.

Cuán grandemente equivocado está el concepto de que al orar a Dios el hombre inicia lo que él quiere que Dios haga. La Biblia nos indica que es Dios el que primero tie­ne un deseo; es Dios el que desea hacer algo. Él me hace conocer su voluntad para que yo pueda expresarla. Esto es lo que se llama oración. Aquí el Señor Jesús nos ense­ña a orar, porque Dios mismo desea que su nombre sea santificado, que venga su reino, que se haga su voluntad en la Tierra. Pero Dios no hará que esto suceda automá­ticamente; El espera que la Iglesia ore. Usted ora. Yo oro. Todos los hijos de Dios oramos. Y cuando esta oración llega al punto de saturación, entonces el nombre de Dios será santificado entre los hombres; su reino vendrá y su voluntad se hará en la Tierra así como en el cielo.

Los hijos de Dios tienen que aprender este tipo de ora­ción. Deben estar siempre sensibles a lo que Dios quie­re hacer. Aunque la voluntad de Dios ya está formada, Él, sin embargo, no la ejecutará hasta que la mente de sus hijos se conmueva y ellos expresen la voluntad de Él a través de la oración. Entonces comenzará a oír esa oración. Aunque el tiempo en que su nombre será san­tificado, su reino vendrá y su voluntad se hará en la Tierra corresponde a la edad del milenio, este tiempo puede apresurarse o demorarse de acuerdo a cómo oren los hijos de Dios. Y la razón básica de esto es que Dios se niega a ejecutar su voluntad por sí solo. Más bien quie­re que sus hijos en la Tierra oren antes de ejecutarla.

Muchas cosas pueden ser consideradas como voluntades fragmentarias de Dios, pero Dios tiene una voluntad su­prema que incluye todas estas voluntades fragmentarias. Cuando estamos atentos a la suprema voluntad de Dios, con el tiempo se cumplirán todas estas voluntades frag­mentarias. Dios tiene su voluntad en el cielo; el Espíritu Santo nos comunica esa voluntad, haciéndonos clamar a una voz: «¡Oh Dios, queremos que se haga esto!» Sólo entonces Dios lo hará. Esto es lo que nos dice la Biblia con respecto al principio de la oración.

La obra de Dios hoy está afectada por nuestra oración en la Tierra. Pidámosle que abra nuestros ojos para que po­damos ver que la acción del cielo está influida por nues­tra oración en la Tierra. Nuestro Señor explicó este mis­terio de Dios que estaba escondido a través de los siglos. Si estamos dispuestos a ofrecernos, a pasar tiempo en oración, pronto comprenderemos que esa oración no só­lo será oída por Dios, sino que también será recompen­sada en el futuro.

La voluntad de Dios es como el agua de un río, nuestra oración es como un canal. Si nuestra oración es suficien­temente grande, la respuesta de igual modo será grande; si nuestra oración es limitada, la respuesta también será restringida. El avivamiento de Gales que se produjo en 1903 y 1904, puede considerase como el mayor en la historia de la Iglesia. Dios utilizó a un minero, Evan Roberts, como un vaso para esta gran obra de avivamiento. Roberts no poseía mucho conocimiento, pero su oración era sumamente profunda. Posteriormente, se retiró del trabajo en público durante unos siete u ocho años. Un día, un hermano se encontró con él y le preguntó qué había estado haciendo durante esos años. Evan respon­dió con una sola declaración: «He estado orando la ora­ción del reino».

¿Comprendemos nosotros que sin la oración, el reino no vendrá? Si el canal está bloqueado, ¿puede fluir el agua? A través de la oración que el Señor nos enseña, se nos revela el pensamiento de Dios y lo que Él demanda. Cuando la voluntad de los hijos de Dios sea completa­mente una con la voluntad de Dios, el reino de Dios real­mente vendrá y su voluntad se hará en verdad en la Tie­rra así como en el cielo.

Extracto del libro “El Ministerio de Oración de la Iglesia”

Por Watchman Nee

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre