Devocionales Cristianos – Apariencia: Lo Que Preparó a David Para el Liderazgo 1

 

El rey Saúl tenía la imagen popular que todo rey debía tener. Era alto, guapo y obviamente tenía la apariencia de líder. «Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo» (1 S.9:2). Lo que no tenía era un corazón como el de David.

Es evidente que David no sobresaldría en una multitud a causa de su apariencia exterior. Cuando Samuel fue a la casa de Isaí para ungir al nuevo rey, Isaí hizo pasar a todos sus hijos, menos uno, delante de Samuel. Dios no permitió que Samuel ungiera a ninguno de ellos. A Isaí nunca se le ocurrió que David fuese el escogido. David aún estaba en el campo, cuidando de los rebaños.

“Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová. Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová. E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos. Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor; que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer: Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es” (1 S.16:7-12).

Hasta su propio padre, Isaí, pasó por alto a David como candidato a rey.

Anticipando esto, Dios dio instrucciones específicas a Samuel que no se fijara en la apariencia exterior, sino en la apariencia interior: «pero Jehová mira el corazón» (1 S. 16:7). Evidentemente, los otros hijos de Isaí eran más impresionantes ante el ojo humano, pero Dios estaba en busca de algo más profundo.

La palabra «parecer» figura dos veces en el pasaje que acabamos de leer.

En 1 Samuel 16:7 el contexto claramente se refiere a la apariencia externa. Esta capa externa no debía ser el criterio que Samuel debía usar para determinar quién era el varón escogido por Dios para ser rey.

En 1 Samuel 16:12 leemos que David era «hermoso de ojos». Esto no representa contradicción alguna. En el castellano podemos hablar de la apariencia interna o externa de una persona. La forma en que distinguimos entre estas dos apariencias es por el contexto en el cual aparecen las palabras o por el uso de adjetivos.

En el idioma hebreo, dos palabras diferentes hacen esta distinción. La palabra que se usa en el versículo 7 corresponde al contexto del parecer externo, mientras que es una palabra diferente la que se traduce «hermoso de ojos» en el versículo 12. Esta segunda palabra también se traduce «fuente». Se usa para describir las cualidades tanto mentales como espirituales.

Algunas personas causan revuelo al entrar en una sala debido a sus características físicas, o a su forma de vestir. Sin embargo, hay muy pocas personas que pueden causar revuelo sencillamente debido al poder que reside en su persona interior. Tienen una fuerza interior que es como un aura que los rodea. David pertenecía a esta última categoría de personas.

Por favor, no me malentienda. No es que David fuera poco atractivo en lo físico. El versículo 12 también dice que él era «de buen parecer». Él era un joven bien parecido, pero lo que lo distinguía era su hermosura interior, no su apariencia externa. Su corazón era diferente.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Salmo 119. Una Odisea al Corazón de Dios”

Por Jeff Adams

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