Ayer hablábamos de que la noche no durará para siempre. Pero, ¿qué habrá después?

En aquel día esa carga se te quitará de los hombros, y a causa de la gordura se romperá el yugo que llevas en el cuello. (Isaías 10:27).

¿Cómo será el día en que se acabe la noche? Será un día de descarga y de liberación. Se te quitará de los hombros las cargas.

Tenía once años cuando entré a trabajar en la panadería. Un sábado a la mañana me dijeron: Vamos a entrar la harina. Yo fui y me encontré con que me pusieron sobre los hombros una bolsa de 50 kls y sentí que se me reventaban las piernas. Me fui caminando tambaleante, los demás se me reían… no me habían enseñado a poner el cuerpo, a acomodar la bolsa, ni a descargarla, solamente querían reírse de mí. Aunque mi cuerpo no daba más, mi orgullo me hacía continuar… continué hacía el depósito y allí el patrón puso sus dos brazos y me quitó la carga… no puedo explicar el alivio, la sensación de ligereza y la experiencia de la sangre corriendo por mi cuerpo. La adrenalina me recorrió el cuerpo fue una experiencia sumamente placentera.

Eso es lo que pasará aquel día cuando lo que te quería sepultar sea quitado de sobre ti, cuando esa opresión desaparezca, cuando el sitio sea levantado. El yugo se romperá. La ruptura no será por un agente externo, sino por una acción interna. Usualmente este pasaje lo traducimos “El yugo se pudrirá por la unción”, como si Dios derramara un aceite corrosivo que destruirá el yugo. Esta traducción destaca algo diferente y es que la prosperidad hará que nos “engrosemos” y hará que el yugo se reviente. Algo así como lo que “Hulk” le hace a su ropa y a sus zapatos… “los revienta”. Se reventarán esas cadenas, será desmenuzado lo que te quería impedir crecer y lo verás hacerse hilachas ante tu expansión.

La consecuencia de estas dos acciones será una sorprendente libertad. El día de la visitación traerá una sorprendente libertad.

Hoy es un día para saborear lo que viene. La piedra de la tumba será removida, el yugo de opresión se reventará… viene un tiempo maravilloso para nuestras vidas. No me acostumbraré a la prisión, ni me encariñaré con las cadenas… son solo transitorias… viene el día de mi victoria. El Padre maravilloso nos quitará la bolsa de exceso que el abusador tiró sobre mí y lo que nos oprime será reventado por la bendición que nos ha de henchir. Viene es día para nosotros.

Enemiga mía, no te alegres de mi mal. Caí, pero he de levantarme; vivo en tinieblas, pero el Señor es mi luz. He pecado contra el Señor, así que soportaré su furia hasta que él juzgue mi causa y me haga justicia. Entonces me sacará a la luz y gozaré de su salvación (Miq.7:8-9).

Por Daniel Cattaneo

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre