Siendo hijo único en mi niñez constituí una sociedad con dos niños que vivían enfrente de mi casa. Íbamos a todos lados juntos, Fernando era de mi edad y era con el que mejor me entendía, con el que siempre jugaba. Leandro era unos dos años mayor y su función era cuidarnos de nosotros mismos y de los demás. Siendo mayor, Leo, iba a otro turno de colegio, pero cuando alguien nos amenazaba o nos agredía recuerdo que amenazábamos o nos decíamos entre nosotros: Ya va a venir Leandro. Era nuestra garantía de que no iba a quedar impune ningún atropello. Hoy a la distancia recuerdo con cariño a este par y a Leo cuidándome… Todos necesitamos a alguien que nos defienda.

Si llega Timoteo, procuren que se sienta cómodo entre ustedes, porque él trabaja como yo en la obra del Señor. Por tanto, que nadie lo menosprecie. Ayúdenlo a seguir su viaje en paz para que pueda volver a reunirse conmigo, pues estoy esperándolo junto con los hermanos. (1 Co 16:10-11).

Pablo está terminando de escribirle a los Corintios y les dice: Una cosa más, me tratan bien a Timoteo. Parece ser que Timoteo era de esas personas que sufrían a menudo atropellos. Tal vez por ser el secretario de Pablo era blanco de los celos de los hermanos. A todos les gusta estar en la mesa del pastor y cuando ese lugar lo ocupa otro, a menudo, aparecen las envidias. Sé que no debería ser así… pero a veces escucho como tratan a algunos líderes y me doy cuenta que tras la broma le están tirando un “golpe al hígado” gratuitamente.

Tal vez era de esas personas que, como decimos en Argentina, están para el cachetazo. Son personas que tienen una personalidad amable o son algo torpes en algunos sentidos y entonces son víctima de constantes atropellos de parte de algunos prepotentes.

Quizás Timoteo era muy joven en su edad y no era considerado por su función sino por su experiencia casi nula. Pablo en su carta personal a Timoteo le vuelve a repetir: “Que nadie te menosprecie por ser joven” (1 Tim 4:12)

Lo cierto es que sea por una o todas estas cosas Pablo sale a la defensa de Timoteo. Pienso que bueno es tener a alguien que nos defienda. Cuando yo me peleaba con Fernando o con Leandro, la mamá de ellos, mi “tía” Angelita me defendía a mí… esa mujer me amaba. ¡¡¡Qué bien que se siente que te defiendan!!!

Pienso en el hijo menor de la parábola de Lucas 15 y de cómo el hermano mayor en vez de defenderlo le echa tierra. Como lo acusa con su padre… Qué triste esa actitud… Que dolor no querer entrar a la fiesta de su hermano por celos, por envidia… Tristísimo.

Uno de los rasgos que la Biblia nos habla de Cristo es que El me defiende: Yo los quiero a ustedes como a hijos. Por eso les escribo esta carta, para que no pequen. Pero si alguno peca, Jesucristo es justo y nos defiende ante Dios el Padre. (1 Jn.2:1 TLA)

Y como no podía ser de otra manera, el diablo hace la contra parte delante de Dios: El diablo ha sido arrojado del cielo, pues día y noche, delante de nuestro Dios, acusaba a los nuestros. (Ap.12:10b)

¡Qué pedazo de “botón”! El diablo vive para acusarnos!!! ¿No tiene otra cosa para hacer? … pero tranquilos… Tenemos a Cristo y repito: Que bueno es tener a alguien que nos defienda.

El desafío de hoy es: Estar tranquilo porque tengo a alguien que me defiende de mí mismo y de los peligros externos. Leo y yo hemos crecido y por distancias no nos vemos… solo queda el recuerdo de lo que fue… pero Jesús vive siempre para interceder por mí. (Hb.7:25)

Volverme el “Pablo” para algunos “Timoteos” que están en el mundo. Ser un hermano mayor verdadero y no un “Trucho” (sinónimo de falso en Argentina) como el de la parábola de Lucas 15. Qué bueno es proteger a alguien, ser el mecenas de otro, convertirme en el impulsor de alguien. No es otra cosa que devolver el favor que a diario recibo de Jesús.

Señor deja que alguien cada día agradezca que yo existo como de seguro Timoteo agradecía que tenía a Pablo, como cada día yo agradezco que te tengo a ti. Todos necesitamos a alguien que nos defienda… ayúdame a ser con otros como vos sos conmigo. Gracias Jesús. Amén.

Botón: palabra que en lunfardo (léxico de los inmigrantes argentinos, que pasó a ser el idioma del tango) se usa para designar al policía, al que te entrega para meterte en la cárcel. Un “Botonazo”  es un alcahuete, alguien que vive hablando mal de otro.

Por Daniel Cattaneo

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