Devocionales Cristianos – Caminemos en Santidad

 

«El Señor le ordenó a Moisés que hablara con toda la asamblea de los israelitas y les dijera: ‘Sean santos, porque yo el Señor su Dios soy santo'» (Levítico 19:1).

La sola mención de la palabra «santidad» nos paraliza. Nos parece algo tan alejado de las posibilidades humanas que ni siquiera nos atrevemos a pensar en ello. Lo más que podemos aceptar es que hay ciertas personas que viven en un nivel espiritual tan elevado que podríamos considerarlas «santas». Sin embargo, Dios le ordena a Moisés que le diga a todo el pueblo que sean santos como El lo es. No era solo una invitación a la santidad, sino que además fijaba la medida: igual que Dios. El Señor no exigiría a su pueblo algo de imposible cumplimiento.

Equivocadamente se ha pensado en la santidad como un es­tilo de vida aislada de los otros, del mundo y de la sociedad. Esto ha dado lugar a legalismos y discriminación en nombre de la fe. El escándalo de la vida de Jesús, para los religiosos de su época, fue que participaba de fiestas y banquetes, multiplicaba el vino cuando faltaba, y no reparaba en que se lo viera públicamente con prostitutas o funcionarios corruptos. A pesar de todo esto, era santo. Siglos después, la idea de santidad se fue relacionando a una percepción errada de la sexualidad. Todo lo vinculado a la se­xualidad sería impuro y sucio, según esta visión, y por consiguien­te, ser santo sería llevar una vida alejada de los placeres sexuales. Estas y otras perspectivas similares que tienden al aislamiento y al no disfrutar del cuerpo, de la vida y de la relación con el prójimo, son visiones equivocadas de la santidad.

Si observamos detenidamente todo el capítulo 19 de Levítico veremos que para Dios la exigencia de la santidad no tiene que ver con privarnos de vivir una vida normal y plena, sino cómo vivi­mos. Según el texto santidad es «respetar a los padres, no mentir ni engañar, no explotar al prójimo y pagar los salarios a tiempo, disfrutar de los bienes compartiendo con los que no tienen, no burlarse de los discapacitados ni juzgar con parcialidad, honrar a los ancianos, a los extranjeros, a la creación y adorar solo a Dios». Santidad es un camino con calidad de vida.

Para muchos, la vida cristiana está llena de «no se puede» y «no se debe». Cierta vez alguien me dijo: «Cuando llegué a la iglesia lo primero que me dijeron es todo lo que no podía ha­cer». ¡Cuántos han abandonado el Evangelio frustrados por no encontrar un proyecto de vida sino una religión que los anula como personas!

Para otros, la fe en Jesús en nada afecta su andar diario. Para ellos la vida y la fe van por caminos diferentes. ¡Cuántos viven hoy una fe superficial y una vida que contradice lo que creen! Sin embargo, vivir en santidad es un proyecto de vida centrado en el amor a Dios, al prójimo y a la naturaleza. Es la experiencia gozosa de seguir a Jesucristo con una vida transformada que honra a Dios y al prójimo. ¿No es esto algo apasionante para vivir? ¿Podremos compartir esta pasión por la santidad con nuestros hijos y nietos?

Pensemos cómo sería nuestro hogar si viviéramos en santidad. Es decir, con amor, honra y respeto. ¿Cómo sería nuestra sociedad si al menos los cristianos vivieran en santidad? Es decir, con justi­cia, honestidad y cuidado.

 

Motivos de Oración.

  • Señor, nos comprometemos a buscar la santidad en todos los aspectos de nuestras vidas.
  • Señor, levanta una generación de hombres y mujeres santos que te agraden en todo.
  • Señor, que la santidad de tu pueblo impacte positiva­mente en la sociedad argentina.

 

Acción Práctica.

Examina tu andar diario y procura la santidad en todos los aspectos de tu vida.

Extracto del libro “40 Días de Ayuno y Oración 2012”

Por Carmen y Norberto Saracco

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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