Pasaje Clave: Luego de examinar la situación, me levanté y dije a los nobles y gobernantes, y al resto del pueblo: «¡No les tengan miedo! Acuérdense del Señor, que es grande y temible, y peleen por sus hermanos, por sus hijos e hijas, y por sus esposas y sus hogares» (Nehemías 4:14 NVI)

Nehemías  tiene  parte de su equipo desalentado y por ello le da un antídoto del que nos ocuparemos en tres días. Por así decirlo, este medicamento espiritual tiene tres componentes, el de hoy se llama Aliento divino.

No estamos haciendo una labor humana. Anhelamos que nuestros hijos sean libres, que nuestros matrimonios sean sanos, que nuestras ciudades estén limpias y esto  es la voluntad de Dios. No es normal que vivamos con miedo, no es lógico que nos arrebaten la vida, no es justo que tengamos gente revolviendo la basura.

Sabemos que la labor es grande… Hemos definido la magnitud de la tarea cuando nos abocamos a cincuenta y dos días de oración y ayuno. Pero también definimos que no queríamos seguir viviendo entre escombros, viendo las ruinas enfrente de nosotros todo el día.

Yo te animo a que puedas hoy recordar que nuestro trabajo es un servicio a Dios y que Dios es fuerte y temible. No dejes que el desaliento te haga desistir.

Días atrás me encontré con un muchacho al que hemos ayudado mucho, por un segundo en mi mente tuve una batalla, la condición en que él estaba me shockeó e inmediatamente una voz me dijo: “¿Viste? No valió la pena”. Casi compro la mentira y me desaliento, digo “casi” porque inmediatamente  el Espíritu Santo me sacó una lista de gente que ha salido, que formó familia, que está sirviendo a Dios y lejos de desalentarme, lo que ocurrió es que sentí renovadas fuerzas para seguir haciendo una diferencia.

Dios está de nuestro lado, a favor del solo, del necesitado, del temeroso, del violentado, del indefenso. Parece que el enemigo es poderoso, pero hoy miramos que sí “Dios es con nosotros, nadie puede contra nosotros”

Oración: Señor, hoy decido mirarte a vos, tomo aliento en que estoy haciendo la labor que el Dios Todopoderoso me ha asignado y que pelearé por los míos. Las ruinas se van de mi ciudad. Amén.

Por Patricia y Daniel Cattaneo

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