Pasaje Clave: Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. (1 Tesalonicenses 5:18).

Lo que entra por tus puertas afecta tu vida, lo que afecta tu vida determina como será el medio en donde te mueves.

Sí vamos a vivir vidas sin ruinas deberemos reemplazar las puertas de la ingratitud por puertas de acción de gracias. Dios pide que tengamos una Actitud de Gratitud: solamente puede entrar a mi vida lo que me haga agradecido.

Dejo fuera la queja, dejo fuera la murmuración. Si para adorarle hay que entrar por sus puertas con acción de gracias, para vivir todas las demás áreas de la vida también debo hacerlo con gratitud. La actitud agradecida, la adoración continua…

Ciérrele la puerta al lamento. La Biblia dice: “Has cambiado mi lamento en baile”… ¡Baile más, laméntese menos! Hay gente que vive dejando entrar a su vida los mercaderes de la queja. Sepa que Dios está a su favor, que Él controla todo, que nada puede venir a su vida sin su consentimiento y entonces aunque no entienda, tenga una actitud agradecida. No agradezco el dolor, pero no me lleno de amargura, ni de resentimiento, “Doy gracias a Dios en todo”.

Mi mamá partió ya hace ocho años, murió de una muerte dolorosa en el momento que podía disfrutar de su jubilación,  después de haber luchado toda la vida. Me hubiera gustado que hubiera visto muchas cosas que han pasado y están por pasar. Sin embargo, no puedo entrar en el terreno de si es justo o no, de si hay tanta mala gente que vive y ¿cómo ella no? Eso sería inadecuado, entonces agradezco, ¿qué? El privilegio de haber sido su hijo, de haber aprendido tanto de ella, de haber aprendido una cultura de sacrificio, de esfuerzo, no hay una persona que la conociera (y créame que era más conocida que la ruda macho) que no me diga: ¡Qué gran mujer!!!

No permita que el dolor le quite la oportunidad de agradecer!!!

Oración: Señor, hoy vengo a agradecerte por todo lo que recibo, por tu control minucioso sobre mi vida, gracias porque aunque no entiendo, confío en que sabes lo que haces y alejo la amargura de mi vida y la tristeza, porque “el corazón alegre es un bueno remedio, pero el espíritu triste enferma los huesos”. Amén.

Por Patricia y Daniel Cattaneo

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