Conozco muchas personas que han crecido usando cosas usadas. Cuando en una familia son varios hermanos el mayor empieza usando una ropa nueva y se la hereda al del medio y este al menor.  Yo como he sido hijo único nunca tuve ese problema, pero me han heredado otras cosas usadas. Alguno dirá que no es lindo recibir cosas usadas y eso es discutible, depende de lo que se reciba. Heredar una casa usada, no es lo mismo que heredar un pantalón usado o heredar un vaso de vidrio no es lo mismo que heredar un juego de copas de cristal. Hay cosas usadas que son muy buenas y que a todos nos gustaría recibir.

Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. (2º Co.1:3-4)

Pablo habla que Dios lo ha consolado y que ese mismo consuelo es el que utiliza para ministrar a los que sufren. Indudablemente los que sufren reciben algo usado pero igualmente efectivo en ellos como en los primeros. Todos concordaremos que cuando el consuelo viene de alguien que sufrió la misma situación que estás atravesando las fuerza de sus palabras tienen otro vigor, distinta a aquellas que pronuncia alguien que nunca pasó por lo que tu estás pasando.

Esta visión le da un sentido de utilidad a Pablo de su propio sufrimiento: Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. (2º Co.1:6)

No hay peor cosa que sufrir sin sentido. Pero cuando el sufrimiento tiene utilidad entonces es más manejable. Pablo entiende que las situaciones en su vida vienen para ministrar. Tanto el sufrimiento como el consuelo antes de pasar a los corintios ha hecho escala en la vida de Pablo para darle herramientas de ministración. Parecería que Pablo se decía en cada situación de su vida: Esto me va ayudar a ministrar más y mejor.

Esto que estoy aprendiendo lo voy a impartir, heredar a otros… nada de lo que pasa en mi vida carece de propósito. Este dolor, esta decepción, esta ministración del Espíritu, está palabra “rhema” de hoy… Todo esto me ayudará a ayudar a alguien en el futuro.

Creo firmemente en esto… me lo enseñaron a cantar siendo niño: Todo lo que pasa en mi vida aquí / Dios me lo prepara para bien de mí / En mis pruebas duras/ Dios es siempre fiel/ ¿Por qué pues las dudas? / Yo descanso en El.

De tanto en tanto, veo a algunos que no quieren recibir estas cosas usadas de otros. Por mi parte, hoy quisiera, ser tan humilde que pueda usar lo que otros han recibido con la alegría de saber que cuando Dios proveyó a otros lo hizo pensando en mí. No quiero ser tan soberbio que no acepte el traje que otros usaron por querer ser el único por donde debe pasar todo.

El otro día vi una niña de la iglesia usando un abrigo que había sido de mi hija Dámaris. Han pasado 12 años, tal vez más… pero lo reconocí, ese abrigo era de Dámaris cuando tenía 10 o 12 años.

Por último, quisiera en este día aprender a mirar mis situaciones particulares como necesarias para ministrar a otros. Estoy usando algo que mañana alguien usará para cubrirse. El dolor que experimento me ayudará a ministrar a otros en el día de mañana y el consuelo que recibo le quedará perfecto a algún hermano menor.

Señor ayúdame a dar el aliento en medio de la noche que recibimos siempre de ti, la alegría de servirte que siempre nos diste, la fe para creer que Tu Poder en nosotros puede hacer cosas maravillosas, la certeza de saber que siempre en Ti hay una nueva oportunidad. Que pueda heredar esto que he recibido de Ti a otros, ese es mi deseo. Amén.

Por Daniel Cattaneo

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