LA GRATITUD SANA MI MENTE

Cuando tengas un problema, agradece la bendiciones que Dios te dio, contá las bendiciones, anótalas; en el álbum de tus recuerdos pone las mejores fotos y caminá con un espíritu de gratitud. Hoy estás vivo, hay gente en este momento que está luchando por su vida en terapia intensiva y nosotros estamos adorando el nombre del Señor.

«Gracias porque estoy vivo, porque puedo ir a la iglesia, estar con mis hermanos; gracias por este mate cocido y por la taza rota, porque la taza rota indica que viene una taza nueva, y la taza nueva, que viene una docena, y la docena, que viene la fábrica». Si tenés un espíritu de agradecimiento, la paz sube, sube y, como es un arma de guerra, el diablo se muerde la lengua y aplastás al enemigo para siempre. Dale gracias al Señor por cada cosa que tenés, adorá su nombre.

En el reino de las tinieblas todo es queja, todo es falta, pero en el Reino de Dios todo es gratitud. Dad gracias a Dios en todo, no por todo porque no le podés dar gracias a Dios por un accidente pero sí en medio del accidente; no le podés dar gracias por un cáncer, pero sí dar gracias a Dios en medio de la enfermedad porque viene la sanidad y le vas a ganar al enemigo con paz y no te va a poder tocar.

Pablo dice en Romanos 9: «He sufrido por los de mi nación, por los de mi familia, porque no les resplandece la luz de Cristo». Que te duela ver a la gente sin el Se­ñor; no aceptes las burlas, porque no son ellos, en el fondo te están diciendo que necesitan que le hables de Jesucristo.

Pónete en la brecha y batallá en el Nombre del Señor y un día los vas a invitar, o les vas a hablar, o le regalarás un CD y la venda se les va a caer, será el momento de tu victoria, donde la persona dirá: «Ahora entiendo que Jesucristo es mi Señor». El pastor Font dice que lo único que nos llevaremos al cielo es la lista de las personas por la que hemos batallado y ganado.

En el cielo va a haber cientos que te van a buscar para decirte: «Quiero darle las  gracias al Rey que me salvó, pero a vos también, que batallaste por mí, que oraste,  que persististe, que me hablaste aun cuando me burlé, aun cuando te dije que te lavaban la cabeza, cuando te preguntaba de los diezmos, cuando te decía que te sacaban la plata, que eras un tarado, pero vos seguiste y ahora puedo adorar a Je­sucristo por siempre y para siempre».

Nos pondremos en la brecha con paz de Dios y batallaremos por la gente que no tiene al Señor.

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre