Is.6:6-7. En ese momento voló hacia mí uno de los serafines. Traía en la mano una brasa que, con unas tenazas, había tomado del altar. Con ella me tocó los labios y me dijo: «Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado.»

La experiencia de Isaías ocurre en el templo de Jerusalén y en el interactúa el cielo invadiendo el recinto físico de la tierra. Notemos por ejemplo que las “faldas llenaban todo el templo”, “se estremecieron los umbrales de las puertas”, “el templo se llenó de humo”. La otra es la del versículo de hoy: el serafín toma un carbón con unas tenazas del altar del incienso y toca los labios del profeta. ¿Qué implica?

A. El único altar dentro del recinto del templo es el altar del incienso. Siendo el altar un elemento ungido con la sangre de los sacrificios de expiación lo que estaba en ella operaba bajo esta unción. El carbón que es tomado produce limpieza, borrando la maldad y perdonando el pecado.

Ex.30:10. Cada año Aarón hará expiación por el pecado de las generaciones futuras. Lo hará poniendo la sangre de la ofrenda de expiación sobre los cuernos del altar. Este altar estará completamente consagrado al Señor.»

B. Siendo el altar un elemento sobre el cual se ofrecía incienso, símbolo de la oración y la alabanza, el carbón estaba impregnado de estas especies aromáticas y lo que toca es impregnado por esto. La boca inmunda ahora perdonada está consagrada para dar ofrenda de oración y alabanza.

Cada vez que oro y alabo mi boca entrega perfume de olor grato en la presencia de Dios.

Ap.8:3. Se acercó otro ángel y se puso de pie frente al altar. Tenía un incensario de oro, y se le entregó mucho incienso para ofrecerlo, junto con las oraciones de todo el pueblo de Dios, sobre el altar de oro que está delante del trono.

C. Siendo que en este altar Isaías ponía incienso dos veces por día, se espera del profeta que haga lo mismo con su boca que todo el día sacrifique ofrenda:

Ex.30:7-8. Cada mañana, cuando Aarón prepare las lámparas, quemará incienso aromático sobre el altar, y también al caer la tarde, cuando las encienda. Las generaciones futuras deberán quemar siempre incienso ante el Señor.

Hb.13:15. Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre.

D. El incienso que se ofrecía no era cualquiera, sino una formula exclusiva y  que no podía olerse en ningún hogar o palacio, so pena de ser cortado dentro del pueblo. Lo que debía salir de la boca de Isaías era exclusivo para Dios.

Ex 30:36-38. Este incienso será para ustedes algo muy sagrado, y no deberá hacerse ningún otro incienso con la misma fórmula, pues le pertenece al Señor. Ustedes deberán considerarlo como algo sagrado. Quien haga otro incienso parecido para disfrutar de su fragancia, será eliminado de su pueblo.»

E. Mientras el serafín solo lo toca con unas tenazas, el carbón toca la boca del profeta. Hay cosas que los ángeles no pueden experimentar solo la carne de un hombre arrepentido y humillado.

Is.6:6-7. En ese momento voló hacia mí uno de los serafines. Traía en la mano una brasa que, con unas tenazas, había tomado del altar. Con ella me tocó los labios

Tengo una experiencia superior a la de Isaías, Dios ha hecho de mi vida un templo y ha prometido habitar en mi cada día. Hoy es un día para besar el carbón encendido de la sangre de Cristo y empezar mi día en oración y alabanza. Que suba de mi boca un perfume santo y exclusivo para el Dios que me ama y me comisiona. Rehúso a quemar otro incienso que el incienso sagrado en mis labios, rehúso quemar incienso de dudas, de temor o de queja… mi boca será un altar fragante para Dios. Mi experiencia hoy será más profunda cuanto más arrepentido y humillado me encuentre ante Dios. Hoy será un día en que honraré a Dios.

Por Daniel Cattaneo

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