Devocionales Cristianos – El Dilema del Salmista 1

 

Pasaje clave: Salmo 119:4-6.

 

1. La Tarea Está Clara.

«Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos» (Sal. 119:4).

No puede haber duda acerca de la voluntad de Dios para nuestras vidas en este sentido general. Se nos ordena guardar sus mandamientos. Un  mandamiento es un principio operativo general, una regla, una verdad. Este es otro aspecto de la Palabra de Dios.

La verdad que Dios nos ha dejado en la Biblia está allí para nuestro propio bien. Él nos ha comunicado los principios operativos del universo para que nosotros encajáramos con ellos en perfecta armonía. Nuevamente, es por ello que nuestra felicidad y plenitud dependen de nuestra obediencia a sus mandamientos.

Cuando era un adolescente, yo le daba mantenimiento sencillo a mi viejo Chevrolet modelo 1954. Cuando levantaba el capó, hasta yo podía comprender lo que tenía por delante. ¡Ese viejo Chevrolet toleraba casi todo! Yo podía salirme con la mía aunque cometiera muchos «pecados» de mecánico.

Hoy día, ni siquiera me atrevo a cambiar el aceite en mi auto computarizado. Una o dos veces me he atrevido a añadirle el fluido para el limpiaparabrisas. Entre más complicada la máquina, menos errores tolera y más se necesita observar las reglas y principios que la gobiernan con precisión.

David dijo que el ser humano era una de las obras «formidables, maravillosas» de Dios (Sal.139:14). Somos un milagro de ingeniería. Esto significa que necesitamos seguir el manual del propietario con precisión si queremos funcionar adecuadamente. Observe la pequeña palabra «muy» en el Salmo 119:4. Esto nos dice que no es suficiente dar un vistazo a la ligera a la Biblia.

Sus mandamientos han de ser muy guardados.

Es por ello que este salmo es tan vital para nuestras vidas. Este es el salmo que establecerá nuestra actitud hacia la Biblia. Es el salmo que fija al nuevo creyente en el camino correcto. Es el salmo que guía al creyente maduro hacia un entendimiento más profundo del lugar que la Biblia ocupa en nuestras vidas. La felicidad está basada en nuestra actitud de corazón hacia la Palabra de Dios. El asunto no es cuánto conozcamos acerca de la Biblia, sino nuestro amor por la Biblia y obediencia a ella.

El recién convertido no tendrá mucha información acerca de la Biblia. Tal vez se sienta inseguro algunas veces porque no puede hallar un pasaje con la misma rapidez que un cristiano de más experiencia. Puede ser que ocasionalmente luche con sentimientos de inferioridad porque no está familiarizado con algunas historias bíblicas que otros dan por sentado.

Este salmo enseña a tales niños en Cristo que es su amor por la Palabra lo que hace la diferencia. Si usted ama la Palabra, y obedece lo que ya conoce, Dios se encargará de hacer que usted continúe creciendo en la gracia y el conocimiento del Señor Jesucristo. Pronto aprenderá lo que necesita saber.

Este punto representa una piedra de tropiezo a muchos de los que hemos andado con el Señor por muchos años. Después de muchos años de estudio y de escuchar la enseñanza de poderosos varones de Dios, es fácil llegar a pensar que lo hemos logrado todo.

Este salmo nos recuerda que no es el mero conocimiento de la Palabra de Dios, sino el amor por la palabra lo que hace la diferencia. Hemos guardar sus mandamientos y no sólo conocerlos y sus mandamientos han de ser muy guardados.

 

2. La Naturaleza del Hombre Está Clara.

No es difícil comprender lo que dice el Salmo 119:4. El comprender lo que Dios quiere que hagamos es cosa clara. Sin embargo, sí hay un problema, y aparece en el siguiente versículo. «¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos!» (Sal.119:5).

Verá usted, sucede que nuestros caminos no están ordenados. Hay un tremendo conflicto entre la voluntad de Dios que vimos en el versículo 4 y la naturaleza del hombre que se implica en el versículo 5. Hay algo que está desesperadamente mal con la naturaleza del hombre. Nuestros caminos por naturaleza no se ordenan para guardar los estatutos de Dios. ¡Qué contraste más grande existe entre «sus caminos» en el versículo 3 y «mis caminos» en el versículo 5. (Is.55:8.9).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Salmo 119. Una Odisea al Corazón de Dios”

Por Jeff Adams

Lee El Dilema del Salmista 2

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