el-temor-de-diosDevocionales Cristianos – El Temor de Dios

 

Pasaje clave: “Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.”

Hoy me llama la atención que el toque de la piel de un hombre fuera de propósito a la tierra santa por la Presencia del Ángel de Jehová no haya terminado con la muerte de Moisés. Siglos después el toque de la mano de Uza del Arca del pacto terminó en que este murió fulminado. ¿Cuál es la diferencia? La diferencia está en el temor de Dios.

“Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.”

Cuando tienes temor de Dios y entras en contacto con la Santidad de Dios esta te transforma. Cuando no tienes temor de Dios y entras en contacto con la Santidad de Dios esta te mata. Esto le pasó a la mujer del flujo de sangre. Una mujer inmunda, ceremonial y socialmente, pero ella con temor de Dios y fe tocó el borde del manto. Ceremonialmente esto hacía a lo que entraba en contacto con ella potencialmente inmundo (Lv. 15:25) pero ella tenía temor y es por ello, que poder salió de Jesús y la sanó. Siempre he imaginado este pasaje como una pulseada o una cinchada, donde de un lado puja lo inmundo y del otro la santidad. Lo maravilloso que cuando hay temor de Dios la santidad te invade y te transforma.

El temor de Dios en la vida de Moisés le cambió la vida porque cuando entró en contacto con su santidad, hubo una reorientación al propósito perdido y a la visión olvidada. Lo mismo le pasó a Isaías cuando entrando contempló y oyó la proclamación de la santidad de Dios e invadido del temor, no sólo salvó su vida, sino que recibió reorientación de su existencia.

Hoy deseo crecer en el temor de Dios para calibrar mi vida con las coordenadas del cielo. Un grado de desvió en el origen son miles de metros en el objetivo. No puedo darme lujo de recorrer los próximos años tan solo para darme cuenta que cuanto más avanzo más me alejo de lo hablado. Si Dios me lo permite estoy ya como mínimo en el 2/3 de mi existencia en esta tierra (estoy acercándome peligrosamente a los 50) no puedo errar ahora. Esto es lo que decía Pablo: “No vaya a ser que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser descalificado”. El temor de Dios me calibra y me transforma.

«No llamen ustedes conspiración a todo lo que este pueblo llama conspiración. No tengan miedo, ni teman lo que ellos temen. Santifiquen al Señor de los ejércitos, y sólo a él. Que él sea para ustedes la única razón de su temor. (Is. 8:12-13)

Por Daniel Cattaneo

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