Excelencia es resultado de tu fe; siempre que hay excelencia es porque hay fe; cada vez que hay fe vas a traer excelencia.

Excelencia, no es perfeccionismo. Perfeccionismo es una meta que te trastorna la vida; excelencia es un camino, es un hábito, es un estilo de vida.

Excelencia es ir cada día mejorando; que puedas mirar tu vida espiritual y decir que has crecido más que los últimos seis meses, que puedas mirar para atrás y decir: «Estoy más próspero, más bendecido, estoy mejor en mi familia, mejor en mi salud».
Es interesante ver que Dios no rechazó la ofrenda de Caín, lo que hizo fue valorar la de Abel, porque a Dios le gusta la excelencia; y Dios estaba poniendo un estándar de ofrenda hacia El: excelencia.

Excelencia tiene que ser una marca en tu vida, tiene que ser algo que conquistás por la fe. Entramos en el camino de la excelencia cuando descubrimos las cosas que nos apasionan; el don predominante, lo que entusiasma.

Leía de una predicadora que fue a Japón, y estuvo hablando con un entrenador de un deporte muy importante donde los japoneses son campeones mundiales: ping pong. Y le preguntó cómo trabajaba él con las debilidades de los campeones de ping pong y el entrenador le respondió que ellos no trabajan con las debilidades sino con las fortalezas y las desarrollan tanto que las debilidades quedan opacadas.

Cuenta Mike Murdock que se encontró con el abogado más famoso y mi­llonario de Oklahoma y le preguntó por qué era el más famoso, entonces el abogado respondió: «Porque yo amo a mis clientes y la gente percibe en su corazón si es amada o no».

Cuando entres en excelencia tenés que descubrir lo que te gusta. Si no estás en el camino de la excelencia es porque hay un potencial dentro tuyo dormido, que está apagado; tenés que descubrir qué es lo que te apasiona. Exce­lencia es el resultado de la fe.

Aprendé a Desarrollar Hábitos de Excelencia.

Daniel oraba tres veces por día, un día el rey lo mandó a matar porque dijo que na­die orara al Dios de Israel y Daniel se rehusó a hacerlo, siguió orando porque tenía hábitos de excelencia (venir a la reunión, escuchar cassettes, leer la Palabra, llegar quince minutos antes de la actividad que tenés que realizar, irte último). Hábitos de excelencia que te van a traer resultados; si hay fe en tu vida, vas a hacer las cosas cada día mejorando para agradar al Rey.

Cada día tenés que observar lo que hacés y decir: «Debo estar mejor», «debo mejo­rar mi servicio, mi adoración», cada día tiene que ir creciendo y excelencia no hay que pedirla a Dios sino que es algo que se le entrega a través de la fe. Si estás pasivo es porque hay un don predominante dentro tuyo, una pasión, un anhelo, que todavía no descubriste y el día que lo descubras te vas a entusiasmar y hacer las cosas bien.

Tiraron a los amigos de Daniel en el horno de fuego, Dios no los libro del horno de fuego, sino que los libro en el horno de fuego, porque no importa si Dios te saca de la prueba, o en medio de la prueba, lo importante es que la solución ya está. A Pablo lo metieron en la cárcel más honda, al lado de las cloacas, donde estaban los excrementos, las ratas; en la cárcel más profunda; y Pablo en ese medio se puso a cantar al Señor y la adoración fue tan ungida, trajo tanta gloria, que la cárcel tembló, las cadenas se rompieron y Pablo pasó por la primera guardia, la segunda guardia, la tercera guardia.

Quiero decirte que no importa la cárcel putrefacta en la que hoy estás metido, no importa que las ratas caminen al lado tuyo, Dios ya tiene la solución a tu problema.

EXCELENCIA ES EL RESULTADO DE LA FE.

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa para comentar!
Por favor ingresa tu nombre