ELIGE SER AGRADECIDO

Cuando Jesús tomó unos panes y unos peces, Felipe le dijo «Señor despide a la mul­titud porque no tenemos que darle de comer». Jesús dijo: «¿Qué tenemos? Y dice la Palabra que «Jesús mirando al cielo…», ¿para qué miró al cielo? Para que lo vean a Él que miraba al cielo; porque tu solución siempre viene del cielo, y dio gracias. Cuando das gracias por lo que tenés ése será el punto de contacto para atraer el milagro que te falta; nunca habrá milagro de prosperidad hasta que no des gra­cias por lo que tenés.

Buscá un motivo de agradecimiento siempre. Nunca des gracias por un accidente, o porque tenés una enfermedad, o porque te echaron del trabajo. Por lo malo no hay que dar gracias, pero en lo malo debés buscar algo para agradecer. Por ejem­plo, hay personas que tuvieron un accidente y no les pasó nada, deben dar gracias porque el Señor los cuidó en esa circunstancia. La falta de gratitud debilita el es­píritu y la mente. La queja debilita, enferma; pero la gratitud fortalece.

Dice que Jesús dio gracias por los panes y liberó el don de milagros. Si mi gratitud es constante y fuerte, mi don se manifestará fuerte y constante. Da gracias a Dios por tus hijos, por tu familia, por la ropa, por el día, por las luces, por el piso, por la iglesia, da gracias a Dios; poné un gracias en tu boca a la mañana, a la tarde y a la noche, y en un par de años esa gratitud, ese hábito divino, va a hacer que los dones que tengas funcionen en el mismo nivel del poder del Señor. Jesús dio gracias y en la medida que lo hizo, el don de multiplicación se liberó.

¿Necesitás un milagro de sanidad, de prosperidad? Empezá a dar gracias por algo que Dios te dio. Dale gracias a Dios porque lo que tenés, agradecido a Dios, traerá el milagro que te falta, porque la queja te concentra en el problema, pero la grati­tud te concentra en la solución que viene del trono de Dios. Jesús estaba con la multitud, había cinco mil hombres sin contar mujeres y niños. Tenían hambre y no había para comer. Y Jesús dio gracias por unos panes y cuando los repartieron se multiplicó.

Gratitud nunca te deja en el mismo sitio, te saca del sitio de la carencia y te lleva al sitio de la abundancia. Un minuto atrás, diez mil muertos de hambre, un minuto después doce cestas llenas que habían sobrado de la abundancia. Dale gracias a Dios y pasarás de la carencia a la abundancia, en el Nombre del Señor. Dice Pablo: «Estad siempre gozosos y el Dios de paz te santificará en el cuerpo, en la mente y en el espíritu». Santificar quiere decir reparar. Si doy gracias, Dios me va a reparar el cuerpo, la mente y el espíritu. Eso es santidad también. ¿Estás enfermo, hoy viniste con un problema? Sé agradecido, que el Dios de paz te va a repara la mente, el cuerpo y el espíritu. Si querés caminar sano, sé agradecido.

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

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