Devocionales Cristianos – La Bienaventuranza es Buscar a Dios con Todo el Corazón

 

Pasaje clave: Salmo 119:2.

Aquí tenemos una de las razones por las cuales creo que David escribió este salmo, aunque su nombre no aparece específicamente en el mismo. El salmo es tan perfecto, tan completo, que el poner su nombre como autor restaría la gloria que le corresponde sólo a Dios. Sin embargo, ¿quién tenía un corazón conforme a Dios sino David?

David había aprendido la preciosa verdad que la felicidad viene de buscar a Dios con todo el corazón.

Obviamente, David no fue la única persona que descubrió este principio.

La necesidad de buscar a Dios con todo el corazón es uno de los temas principales del libro de Jeremías. «Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová» (Jer.3:10).

Mucha gente profesa buscar a Dios, pero sus palabras piadosas son sólo excusas que ocultan sus corazones indecisos. Este era el problema de Judá en los días de Jeremías. «y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón» (Jer.24:7).

Dios sabe que es imposible que le busquemos con todo el corazón porque nuestro corazón está defectuoso. Lo que Cristo hizo con su muerte, sepultura y resurrección hace posible que recibamos un trasplante de corazón. Con nuestro nuevo corazón, hemos sido libertados para andar en su ley y guardar sus testimonios. «y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón» (Jer.29:13).

Esta es la razón por la cual los judíos del tiempo de Jeremías no podían hallar al Señor. Es la razón por la cual mucha gente hoy día no puede hallar al Señor. Sencillamente no le buscan con todo el corazón. Dios no puede ser un pasatiempo.

Muchos creyentes viven bajo la ilusión que un «devocional» diario de diez minutos es una clase de «seguro de vida». Se imaginan que el pasar unos cuantos minutos siguiendo una guía devocional les asegura que sus vidas irán razonablemente bien. Hay que reconocer que esto es más que lo que hace la mayoría de las personas, pero no es suficiente para Dios.

¿Qué busca usted con todo su corazón? Mi observación personal es que muy pocos individuos son los que buscan algo con todo su corazón. «Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Ap. 3:16).

La televisión y nuestra sociedad orientada hacia el tiempo libre nos han dejado dormidos. Pocos somos los que tenemos suficiente interés en alguna cosa como para buscarla con todo el corazón. Hay unos cuantos que les interesa el dinero, el poder o la fama. Ellos no buscan lo correcto, pero al menos algo buscan con todo el corazón. Salomón comprendió que si uno pudiera canalizar ese mismo celo, corazón y deseo adecuadamente, uno podría descubrir la verdad de Dios.

Mira Proverbios 2:1-6. ¡Qué amonestación más solemne! Si alguna gente tuviera el mismo deseo de hallar la verdad de Dios que el que tienen por ganar dinero, podrían tener un impacto genuino en todo el mundo. Wesley dijo: «Si tan sólo tuviera 300 hombres que a nada temieran sino a Dios, que a nada aborrecieran sino al pecado y que determinaran saber nada entre los hombres sino a Jesucristo, y a éste crucificado, podría prender fuego al mundo entero».

Aquí en Kansas City había una iglesia que tenía un lema maravilloso: «Despierta, canta, predica, ora y ofrenda, pero nunca desmayes, ceses, retrocedas ni calles hasta que la causa de Cristo en esta iglesia y en el mundo haya sido edificada».

¿Puede usted honradamente decir que busca a Dios con todo el corazón?

Más vale que se olvide de la felicidad, el gozo, la plenitud y el propósito en su vida hasta que haya puesto su corazón en El. ¿Qué más podríamos decir que la respuesta que Jesús le dio a un intérprete de la ley que le preguntó cuál era el mandamiento más grande de la ley? «Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento» (Mt. 22:37-38).

Extracto del libro “Salmo 119. Una Odisea al Corazón de Dios”

Por Jeff Adams

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