Alfonzo, más conocido como “Fonzo” es el conejo de mi hija Dámaris. Se lo regalaron como conejo enano, pero con 8 meses sigue creciendo. Resulta curioso verlo por el jardín, se para en dos patas, responde al nombre y vive comiendo cualquier cosa verde que anda por ahí. Lo más notable de él es que corre, corre, corre… Es como Forest Gump… Todo el día anda de allí para acá. Corre, salta, corre, salta. Es como el impío… corre sin que nadie lo persiga. Lo suelo mirar por la ventana y preguntarme ¿adónde va tan apurado? y la verdad que a ningún lado… al rato pasa en el sentido contrario… corre sin ninguna meta.

Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire (1 Co.9:26).

¿Por qué estamos corriendo? ¿Por qué estamos haciendo lo que hacemos? ¿Cuál es la meta de nuestra vida?

Pablo ha establecido que la meta de su vida es ganar gente para Cristo. Por eso se esfuerza, por eso se priva, por eso se adapta… “…a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles” (1 Co.9:22).

Esta es su meta. ¿Cuál es la nuestra? Si no tenemos meta nunca llegaremos a nada. ¿Para qué estás guardando tu mejor esfuerzo? ¿Para cuándo estas reservando esas palabras o esa acción maravillosa? ¿Cuál es el objetivo de tu existencia?

Ayer hablaba con mis hermanos y les preguntaba la dirección de su familia y todos me respondían su domicilio. Esa no es la dirección le aclaré, ese es el lugar donde viven, la dirección es el lugar hacia donde van. ¿Hacia dónde estás yendo? Eso determina tu estudio, tus privaciones, tus compañías, hasta tu alimentación. Me dijeron que Maradona dijo: “¡Qué jugador hubiera sido si no me hubiera drogado!”. Fue un jugador inmenso, pero se olvidó de la meta y se extravió en su recorrido deportivo.

Todo esto lo hago por causa del evangelio, para participar de sus frutos (1 Co.9:23)

Cada dos por tres aparece un vecino con el Fonzo en los brazos… se alejó demasiado y el muy conejo, no sabe cómo regresar. Cuando me lo entregan me mira con esa cara que he visto en algunos hermanos… “Nunca más Pastor” parece decirme… pero sé que mientras no sepa hacia dónde va, seguirá corriendo sin ningún sentido.

Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles. (Gal.2:2).

Desde su misma conversión Pablo no quería correr sin sentido… Yo hoy decido lo mismo, por tanto me someto al examen del Espíritu Santo para no terminar en un campo ajeno. Me voy a mover por revelación, voy a dejar, como Pablo, que me aconsejen mentores espirituales…

Hoy es un día para no correr en vano, es un día para determinar correr solamente por aquello que abarca el propósito de mi vida. Esto hará que me abstenga de cosas que aunque no son malas no van de acuerdo a mi llamado y me enfocaré en aquellas que son propias de mi elección. Hoy es un día para elegir compañeros de carrera, trazar un plan de vida.

Por Daniel Cattaneo

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