Devocionales Cristianos – La Decisión del Salmista 1

 

Pasaje clave: Salmo 119:7-8.

 

1. Una Decisión de Aprender.

«Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprendiere tus justos juicios» (Sal. 119:7).

David declara su disposición de aprender la Palabra de Dios. Esto es lo que separó a David de la multitud. A pesar de sus obvios problemas, David nunca perdió su hambre insaciable por la Palabra de Dios. Nunca dejó de ser sensible a su corrección, o a su instrucción en justicia.

Al estudiar la Biblia, usted ve cómo esta actitud surge una y otra vez. «Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre» (Sal. 86:11).

Los hombres de Dios que alcanzan la verdadera grandeza tienen este tipo de actitud en común. El ser usado poderosamente por Dios no es cuestión de talento, habilidad, posición social ni educación. Es cuestión de tener corazón por la Palabra de Dios.

Obsérvese la actitud de Pablo desde el momento de su conversión: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?» (Hch.9:6).

¿Realmente anhela usted la felicidad, bienaventuranza y plenitud con suficiente deseo que estaría dispuesto a comprometerse a aprender la Palabra de Dios? ¿Se da cuenta que esta decisión afectará el resto de su vida? No estamos hablando de asistir a un estudio bíblico semanal. Esta es una decisión de aprender la Biblia y no sólo unas cuantas cosas escogidas de la Biblia. Es la determinación de buscar a Dios con todo su corazón. Eso depende de usted.

 

2. Una Decisión de Guardar los Estatutos de Dios.

La decisión de aprender la Palabra de Dios es un punto inicial, pero se necesita otra decisión. El mero conocimiento de la Biblia no es suficiente para obtener un corazón en pos de Dios. También es necesario estar dispuesto a comprometerse a obedecer la Palabra de Dios.

Esta es la otra decisión que vemos en este pasaje. «Tus estatutos guardaré; no me dejes enteramente» (Sal. 119:8).

Una decisión es aprender la Palabra, la otra es obedecerla. Una no sirve sin la otra. Cada una depende de la otra. Estas son dos decisiones que cambiarán su vida. Usted las toma una sola vez e inicia un proceso que durará por el resto de su vida.

Al crecer en mi estudio de la Biblia, desarrollé una actitud constante: yo no iba a ajustar la Biblia según mis ideas y opiniones. Todo lo contrario, yo iba a ajustar mis ideas según lo que dijera la Biblia. Yo ajustaba toda parte de mi vida según fuera necesario para hacer que se alineara con lo que enseña la Palabra de Dios.

Aquí es donde usted necesita empezar, si desea que este estudio del Salmo 119 sea algo más que una curiosidad intelectual. No hace diferencia cuánto usted sabe, o no sabe, de la Biblia. En este caso podría ignorarlo todo. Una de las cosas más difíciles del aprender la Biblia es el desaprender todas estas cosas que siempre hemos creído u oído. Usted deberá estar dispuesto a someterse totalmente a la Palabra de Dios. Debe estar dispuesto a poner a un lado sus prejuicios, sus opiniones, la sabiduría tradicional que ha recibido de otros y cualquier cosa que entre en conflicto con lo que la Biblia enseña claramente.

Usted hallará que la Biblia no es difícil de entender, sólo que es difícil de creer. Este es el asunto básico de la Biblia: ¿puede el hombre creerle a Dios? ¿Inclinaría usted su rostro ahora mismo para decirle a Dios que la Biblia será la única autoridad en su vida de ahora en adelante?

También hay ciertas cosas prácticas que pueden ayudarle a avanzar su compromiso hacia la Biblia. Al estudiar este salmo, tome la decisión de presentar cada versículo en oración delante de Dios como su oración personal. Sencillamente escoja un versículo por día y conviértalo en su oración.

En realidad no sería demasiado pedir que tomara el reto de memorizarse un versículo al día. Si usted considera un versículo específico en la mañana, medita en él, y lo lleva a Dios en oración a través del día, al llegar noche lo habrá memorizado de forma natural.

Cuántas veces, mientras era nuevo creyente, y también como creyente maduro, he orado al Señor diciendo: «Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley» (Sal. 119:18). ¡Dios ha respondido a esta oración abundantemente!

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Salmo 119. Una Odisea al Corazón de Dios”

Por Jeff Adams

Lee La Decisión del Salmista 2

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