la-queja-atrae-muerteDevocionales Cristianos – La Queja lo Único que Atrae es Muerte

 

Los israelitas se quejaban recordando lo que comían en Egipto. Cuando una perso­na se queja vive atada a su pasado.

¡Todos nos quejamos! Estamos en un país donde todo se trata de resolver con queja: los piqueteros son la expresión máxima de una queja social; lo que pasa en las escuelas tomadas por los alumnos es la manifestación de una queja; tocar los bombos es el reflejo de una queja. Gritar es para expresar queja. Romper algo es para demostrar queja.

Nuestra cultura trata de resolver sus conflictos a través de la queja, pero la queja a nivel espiritual, lo único que hace, es detenerte más y te hace volver al pasado. La queja no es un problema de hambre, es un problema del alma. Ese pueblo que no pudo pasar a la próxima etapa, no tenía problema de hambre sino problema en su espíritu.

Hoy hay gente como ese pueblo que ha vivido quejándose de su esposa, de su es­poso, de su trabajo, del país, se ha quejado y quejado.

Cuando Moisés se muere, Dios llama a Josué y le dice: «Esfuérzate y sé valiente, nunca se aparte de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche medites en él y hagas conforme todo lo que está escrito». Dios le dijo eso a Josué, porque entendió que si quería entrar al próximo nivel, no tenía que hablar queja, tenía que hablar Palabra de Dios.

Si cambiás tu manera de hablar, dejás la queja y empezás a esforzarte a confesar la Palabra de fe, Dios te va a llevar a la próxima etapa.

Cuando uno se queja está trasmitiendo que alguien tiene que resolver el problema: cuando un marido se queja de la esposa o al revés, está diciendo: «Yo no soy respon­sable, que alguien lo resuelva». Por eso la queja es mala, porque Dios quiere que te hagas cargo del problema y lo resuelvas hablando fe.

Elías era el profeta del fuego, todo lo resolvía con fuego de Dios; dice que oró y por tres años no llovió, pero cuando vas a 1 Reyes a ver la vida de Elías descubrís que no oró. Pero ¿cómo si en Santiago dice que Elías oró? Cuando vas a la vida de Elías dice que «habló»: hablar una palabra de Dios y orarla es lo mismo.

Si te identificaste con esta palabra, decí: «Señor, renuncio a la queja y declaro en mi vida que de mi boca saldrá bendición, hablaré tu palabra, declararé palabra de fe y todo lo que haga me saldrá bien. Declaro que a partir de mí y mi generación entraremos en una nueva etapa porque no voy a hablar queja, hablaré palabra de fe y todo lo que haga me saldrá bien en el nombre de Jesús».

Si estás pasando por una etapa de desierto: financiero, espiritual, laboral, cual­quiera que sea, recibí esta palabra: el desierto se va a terminar. Después de ser bautizado por Juan el Bautista, Jesús fue al desierto y ahí se le apa­reció el enemigo (porque cada vez que uno entra en su desierto aparece el enemigo cara a cara).

Llega un niño a su casa después de clases, y le dice a su padre: «Papá, papá. Hoy salvé a la maestra de una broma que le iban a gastar unos niños».

«¿Ah sí? ¿Cómo?», preguntó el padre.

«Ellos le habían puesto tachuelas en la silla, y cuando se iba a sentar yo le saqué la silla».

«Papá, papá. Hace dos meses que perdiste la tarjeta de crédito y todavía no lo has denunciado».

Y el padre le dice: «Es que me he dado cuenta de que el ladrón gasta menos que tu madre».

SI CAMBIÁS TU MANERA DE HABLAR, DEJÁS LA QUEJA Y EMPEZÁS A ESFORZARTE, A CONFESAR LA PALABRA DE FE, DIOS TE LLEVARÁ A LA PRÓXIMA ETAPA.

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

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