Devocionales Cristianos – Las Palabras de Jesús 2

 

Continuemos.

Consideremos ahora el segundo hecho significativo de este capítulo: la actitud de las personas hacia Jesús.

 

4. Actitudes para Evaluarnos. 

Hay cuatro actitudes de personas que llaman poderosamente la atención, y que nos lleva a mirarnos a nosotros mismos y a evaluar cómo estamos en relación con el Señor.

A. 8:2. Un leproso viene a Jesús, se postra y le dice: “Si es tu voluntad, si quieres, si lo deseas, puedes limpiarme”.

Nosotros no somos leprosos, somos los hijos de Dios: santos, justos y escogidos. Pero, ¿tenemos la actitud de este leproso? ¿Somos capaces de decirle al Señor: “Si vos quieres, si es tu voluntad”, y aceptar, sí o sí, lo que Él quiera?

Este leproso entendía el Señorío de Jesucristo y que sólo podía estar sujeto a su deseo y voluntad. ¿Nosotros lo entendemos? ¿Nosotros nos sujetamos a su deseo y voluntad?

 

B. 8:5. El centurión, hombre de autoridad, hombre con poder militar, hombre con soldados bajo autoridad (vs.9), viene a Jesús rogándole. El centurión inmediatamente reconoció la autoridad de Jesús y le rogó su intervención. No le exigió, ni le dio órdenes, le rogó.

Toda persona que entiende la autoridad y que tiene un corazón sujeto, reconoce a la autoridad. Sólo los rebeldes y caprichosos, cuestionan la autoridad y se levantan en contra de ella. Un corazón obediente y sujeto mueve el poder de Dios. Un corazón rebelde desata el juicio de Dios.

¿Rebeldía o sujeción? ¿Qué hay en nuestro corazón?

 

C. 8:23-27. Discípulos que tienen miedo. Discípulos que se desesperan. Discípulos que se descontrolan. Discípulos que dudan hasta el límite de la incredulidad. Discípulos que tuvieron miedo de morir. Discípulos que en su desesperación se olvidaron quién era el que estaba con ellos.

¿No nos parecemos a ellos? ¿No tenemos un poco de cada uno de estos discípulos? ¿Por qué olvidamos tan rápidamente quién es el que está con nosotros, en nosotros y por nosotros? ¿Pensamos realmente que aun teniendo a Jesús vamos a hundirnos? ¿Por qué tenemos miedo, hombres y mujeres de poca fe?

 

D. 8:33-34. Toda una ciudad se conmociona por la liberación de dos hombres, ¿o porque perdieron un hato de cerdos?

Toda una ciudad sale al encuentro de Jesús, ¿movidos por la fe? ¿Movidos por el poder de Dios? ¿Buscando un milagro en sus vidas? ¿Deseando ser los nuevos discípulos de Jesús? ¡No! Salen para rogarle que se vaya.

¿Y Jesús qué hace? ¿Insiste con ellos? ¿Se pone mal? ¿Les suplica que lo sigan? No. Se va y los deja.

Vivían cómodos con sus demonios y con sus cerdos, pero la presencia de Jesús los incomodaba. Jesús los liberó de los demonios y de los cerdos y ellos no lo pudieron soportar. Vamos a encontrarnos con personas así. Déjalas. No están preparadas para seguir a Jesús.

¿Cómo te sientes ante la presencia del Señor?

¿Te incomoda su presencia, te molestan sus Palabras? ¿O por el contrario, deseas estar con Él, anhelas oir su voz?

Por Edgardo Tosoni

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