Devocionales Cristianos – Amor Inagotable 2

 

Continuemos.

Dios te ama simplemente porque así lo ha decidido. Te ama cuando no te sientes digno de que te amen. Te ama cuando nadie más lo hace. Puede que otros te abandonen, se divorcien de ti y te ignoren, pero Dios te amará. Siempre. Pase lo que pase. Esto es lo que Él siente: «Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada» (Ro.9.25).

Esta es su promesa: «Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia» (Jer.31.3). ¿Sabes qué más significa esto? Que cuentas con un acuífero de amor al que puedes acudir siempre. Si te resulta difícil amar, entonces ¡necesitas tomar de él! ¡Bebe sin parar! ¡Bebe diariamente!

No olvides que el amor es un fruto. Si te metes en el huerto de Dios, ¿qué es lo primero que ves? «Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio» (Gál.5.22). El amor es un fruto. ¿Un fruto de quién? ¿De tus esfuerzos y tu trabajo? ¿De tu profunda fe? ¿De tu gran resolución? No. El amor es un fruto del Espíritu de Dios. «Pero el fruto del Espíritu es» (Gál.5.22).

Y, esto es muy importante, tú eres una rama de la viña de Dios. «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos» (Jn.15.5). ¿Necesitas un curso que te refresque cómo funcionaban las viñas? ¿Cuál es la función de la rama o pámpano para que nazca el fruto? Las ramas no gastan mucha energía. Nunca oyes que los jardineros traten a las ramas por agotamiento. Las ramas no van a clínicas para recuperarse del estrés. Tampoco murmuran o se quejan: «Tengo que hacer salir esta uva. Tengo que hacer salir esta uva. ¡Voy a hacer que salga esta uva así me cueste la vida!»

No, la rama no hace nada de esto. La rama tiene sólo una tarea: nutrirse de la vid. Y tú también tienes una única tarea: nutrirte de Jesús. «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer» (Jn.15.5).

No le peleamos al Señor con relación a la última línea, ¿no es cierto? Lo hemos aprendido de la manera más dura: separados de Él nada podemos hacer. ¿No crees que ya es hora de aprender qué pasa si nos mantenemos unidos a Él? Su trabajo es producir fruto. Nuestro trabajo es permanecer en nuestro sitio. Cuanto más cerca estemos a Jesús, mejor fluirá su amor en nosotros. Y ¡vaya amor! Paciente. Bondadoso. No envidioso. No es rudo. No es orgulloso.

Vamos a reescribir 1 Corintios 13.4–8. No con el nombre de Jesús ni con el tuyo, sino con ambos. Léelo en voz alta con tu nombre en el blanco y dame tu opinión.

Cristo en ____________ es paciente,

Cristo en ____________ es bondadoso,

Cristo en ____________ no es envidioso,

Cristo en ____________ no es jactancioso,

Cristo en ____________ no es orgulloso.

Cristo en ____________ no se comporta con rudeza,

Cristo en ____________ no es egoísta,

Cristo en ____________ no guarda rencor.

Cristo en ____________ no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.

Cristo en ____________ todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Cristo en ____________ jamás se extingue.

¿Llegaremos a amar así alguna vez? ¿Llegaremos a amar a la perfección? No. En este lado del cielo Dios es el único que puede hacerlo. Pero sí podemos amar mejor que antes.

Cuando la bondad sólo llega de mala gana, podemos recordar su bondad para con nosotros y pedirle que nos dé bondad y que nos haga más bondadosos. Cuando nos falta paciencia le podemos dar las gracias por la suya y pedirle que nos haga más pacientes. Cuando nos resulta difícil perdonar, no haremos una lista de todos los agravios que hemos sufrido. En vez de eso, haremos una lista de todas las veces que hemos recibido gracia y oraremos para que nos resulte más fácil perdonar.

Primero recibiremos para dar más tarde. Beberemos sin parar del inagotable amor celestial. Y al hacerlo, descubriremos un amor que vale la pena compartir.

Extracto del libro “Un Amor Que Puedes Compartir”

Por Max Lucado

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