Devocionales Cristianos – Libérate de la Carga de un Dios Inferior 2

 

Continuemos.

Muchos eruditos quisieran que lo hubiera hecho, porque el estudio del nombre ha suscitado algunas discusiones saludables.

El nombre YO SOY suena muy parecido al verbo hebreo ser = havah. Es muy probable que se trate de una combinación de la forma del tiempo presente (Yo soy) y el tiempo causativo (Yo hago ser). Jehová, entonces, parece significar «YO SOY» y «Yo causo». Dios es «El que es» y «El que causa».

¿Por qué es eso importante? Porque necesitamos un Dios grande. Si Dios es «El que es», es un Dios inmutable.

Piense al respecto. ¿Conoce a alguien que ande diciendo «yo soy»? Yo tampoco.

Cuando decimos «Yo soy» agregamos otra palabra: «yo soy feliz »; «Yo soy fuerte »; «Yo soy alegre»; «Yo soy Max». Sin embargo, Dios declara resueltamente «Yo soy» sin agregar nada más.

«¿Qué eres?», queremos preguntar. «Yo Soy», responde. No necesita añadir una palabra descriptiva porque Él nunca cambia. Dios es el que es. Es lo que siempre ha sido. Su inmutabilidad mueve al salmista a declarar: «Pero tú eres el mismo» (Salmo 102.27). El escritor quiere decir: «Tú eres el que eres. Nunca cambias». Jehová es un Dios inmutable.

Tampoco es un Dios causado.

Aunque es Creador, nunca fue creado. Aunque hace, nunca fue hecho. Aunque causa, nunca fue causado. Esto explica la proclamación del salmista: «Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios» (Salmo 90.2).

Dios es Jehová, Dios inmutable, Dios no causado, Dios no gobernado.

A usted y a mí nos gobiernan. El clima dicta lo que debemos usar. El terreno decide cómo hemos de viajar. La gravedad dicta nuestra velocidad, y la salud determina nuestra fuerza. Podemos desafiar tales fuerzas y alterarlas levemente, pero no podemos eliminarlas.

Dios nuestro Pastor no regula el clima; lo hace. No desafía la gravedad; la creó. Su salud no se ve afectada; no depende de un cuerpo. Jesús dijo: «Dios es Espíritu» (Juan 4.24). Puesto que no tiene cuerpo, no tiene limitaciones (Salmo 139.7–8).

Inmutable. No causado. No gobernado. Estas son sólo una fracción de las cualidades de Dios, pero ¿no bastan para darle una visión de su Padre? ¿No necesitamos esta calidad de Pastor? ¿No necesitamos un Pastor inmutable?

¿No ha tenido demasiados cambios en su vida? Las relaciones cambian. La salud cambia. El tiempo cambia. Pero el Jehová que gobierna la tierra hoy es el mismo que la gobernaba anoche. Las mismas convicciones. El mismo ánimo. El mismo amor. Él nunca cambia. No puede alterar a Dios más que una piedrecilla puede alterar el ritmo del océano Pacífico.

¿No necesitamos un punto estable? ¿No necesitamos un pastor inmutable?

De la misma manera necesitamos un pastor que no sea causado. Nadie sopló aliento de vida en Jehová. Nadie ha sido señor de Él. Nadie lo dio a luz. Nadie lo causó. Ningún acto lo hizo aparecer.

Como ningún acto lo hizo aparecer, ningún acto lo puede hacer desaparecer. ¿Teme a los terremotos? ¿Tiembla ante un tornado? Imposible. Jehová duerme en las tormentas y calma los vientos con su palabra. El cáncer no lo ataca, y los cementerios no lo descomponen. Él ya estaba antes que tales cosas llegaran. Él no es causado. Y no es gobernado.

Los consejeros pueden consolarle en la tormenta, pero usted necesita un Dios que pueda calmar la tormenta. Los amigos pueden sostenerle la mano en el lecho de muerte, pero usted necesita un Jehová que haya vencido al sepulcro. Los filósofos pueden discutir el significado de la vida, pero usted necesita un Señor que declare el significado de la vida. Necesita a Jehová.

No necesita llevar la carga de un Dios inferior… un dios en un anaquel, un dios en una caja, un dios en una botella. No, necesita un Dios que pueda colocar 100 mil millones de estrellas en nuestra galaxia y 100 mil millones de galaxias en el universo.

Necesita un Dios que pueda convertir dos puñados de carne en 75 o 100 mil millones de células nerviosas, cada una de ellas con más de 10 mil conexiones a otras células nerviosas, ubicarlas en un cráneo y llamarle a eso cerebro.

Y necesita un Dios que, a pesar de ser inconcebiblemente poderoso, puede venir en la suavidad de la noche y tocarlo con la ternura de una nevada de abril.

Necesita un Jehová.

Y, según David, ya tiene uno. Él es su Pastor.

Extracto del libro “Aligere su Equipaje”

Por Max Lucado

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