Me gusta pensar en el trabajo de copero de Nehemías como su pri­mera ocupación, su «preocupación», pues él nació para cumplir otro papel mucho más importante.

Su verdadero trabajo es el que usted nació para hacer. Su trabajo es lo que usted hace sólo hasta que está listo para cumplir su visión. Dios puso en el corazón de Nehemías una visión de reconstruir los muros: «y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén» (Nehemías 2:12).

En Nehemías 2:1 se lee: «Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia». Parece que Nehe­mías estaba haciendo bien su trabajo hasta que oyó acerca de los muros. Entonces él se hizo la idea de reconstruirlos. Su deseo de cumplir la obra de su vida empezó a interferir con su trabajo. El rey le dijo: «¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón» (versículo 2).

Cuando Dios le da a usted una visión y se la confirma, nada puede detenerla. Si Él le dice a usted que construya, comience, invierta, crea o fabrique algo, después le incomodará hasta lo más profundo; usted estará insatisfecho hasta que lo haga. ¿Está su verdadera obra, su propósito, incomodándolo para que se quede en su actual trabajo? Esa fue la situación de Nehemías. Nehemías vio los muros terminados con los ojos de su mente antes de poner manos a la obra, y esa visión le guió su pasión.

Oración: Padre, yo nací para amarte y servirte. Ayúdame a servirte de acuerdo a mi propósito. En el nombre de Jesús, amén.

Pensamiento: Su verdadera obra es cumplir con el propósito para el que nació.

Extracto del libro “Devocional Diario de Poder y Oración”

Por Myles Munroe

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