Más adelante en su ministerio, Pablo fue a juicio ante el rey Agripa. A medida que le contaba al rey acerca del propósito que Jesu­cristo le había dado en el camino a Damasco, él hizo una declaración que es muy importante en lo que concierne a la gente con visión:

Yo entonces dije: «¿Quién eres, Señor?» Y el Señor me dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues». «Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles a quienes ahora te envío para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciben por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados (Hechos 26:15-18)

Pablo resumió su historia, diciendo: «Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial» (versículo 19). Él dijo que Dios le había dado una clara visión guiadora, la cual era predicar el evangelio a los gentiles, y que él no fue desobediente a ella. Él le reiteró esta visión a Timoteo: «Para esto yo fui constituido predicador y apóstol y maestro de los gentiles en fe y verdad» (1 Timoteo 2:7).

Pablo sabía cuál era su propósito en la vida, y la visión que lo mantuvo a través de todas sus luchas. Cuando su visión es de Dios, nada puede pararlo a usted. La visión es la fuente de la pasión.

Oración: Padre, por favor ayúdame a tener la convicción del propósito que Pablo tenía para que yo pueda decir: «Para esto yo fui constituido…». Permíteme que la visión que viene de Ti sea la fuente de mi pasión. En el nombre de Jesús, amén.

Pensamiento: Cuando su visión viene de Dios, nada puede detenerlo a usted.

Extracto del libro “Devocional Diario de Poder y Oración”

Por Myles Munroe

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