Devocionales Cristianos – Protejamos la Casa de las Influencias del Mal

 

«Ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te la enviaré a ti, porque Yo soy Jehová tu sanador» (Éxodo 15:26).

Semanas atrás, en un llamado al altar al finalizar el culto, un joven de 18 años me abrazó llorando. Se lo veía quebrantado, humillado, arrepentido. Al preguntarle cuál era su problema me contestó que el día anterior había matado a su vecino. Esa maña­na había leído en el diario sobre la pelea de los dos jóvenes. Tenía frente a mí a quien había terminado con la vida de otro chico de solo 17 años, por la esclavitud de la violencia de este tiempo.

Hace 3.500 años Egipto estaba recibiendo plagas devastado­ras. Dios no se quedó quieto sino que proveyó un poderoso ins­trumento para proteger a su pueblo: la sangre de un cordero. «El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga» (Éxodo 12:5, 7, 13a).

Nuestras ciudades son azotadas por las plagas del siglo XXI: violencia, pobreza, deudas, desocupación, divorcios, drogadicción, depresión, soledad, perversiones, consumismo. Los hogares están esclavizados por estas plagas modernas. La protección para cada casa de Argentina contra toda influencia del mal sigue siendo la misma que entonces: la sangre de Jesús.

Juan 1.36 dice: «He aquí el Cordero de Dios». Jesús es el Cor­dero pascual. Los israelitas en Egipto, sin saberlo estaban proféticamente señalando a Cristo. Necesitamos tomar de su sangre para proteger nuestras casas de todo mal.

De la misma manera que en las casas de los hijos de Israel había luz, mientras las tinieblas cubrían Egipto (Éxodo 10:23), también en las casas donde apliquemos la sangre de Jesús habrá protección sobrenatural.

En un mundo enfermo, en una época donde padres, hijos, obreros, patrones, docentes, gobernantes no encuentran solución a los problemas modernos, podemos asegurar que en Jesús y por su sangre tenemos libertad de toda esclavitud (Efesios 1:7).

¿Qué tenemos que hacer? Aplicar la sangre de Jesús en nues­tras casas, sobre nuestros hijos, sobre nuestros bienes, sobre nues­tros negocios, sobre nuestra salud. Y se cumplirá la promesa de Éxodo 15:26: «Ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te la enviaré a ti, porque Yo soy Jehová tu sanador».

No solamente podemos experimentar en nuestras casas la li­bertad que solo los hijos de Dios pueden tener, sino que debemos invitar a nuestros amigos, vecinos, familiares y compañeros a que hagan lo mismo. La gente no sabe cómo protegerse y busca sus­titutos que no hacen más que complicarles las cosas. Quienes te rodean quieren entrar en el Reino, pero no encuentran la puerta. Así como Moisés les señaló a los israelitas la sangre del cordero, ¡tú puedes señalar la sangre de Jesús!

Argentina será sana si cada una de las casas de su territorio es sanada. Si cada hijo de Dios, además de proteger su casa, invitara solo a 10 vecinos a que reciban la señal de la sangre de Jesús sobre sus vidas y sus casas, todos estaríamos protegidos del mal, al igual que toda la nación de Israel lo estuvo en aquel tiempo.

 

Motivos de Oración.

  • Señor, tenemos un instrumento poderoso para proteger nuestras casas de todo mal: la sangre de Jesucristo. Po­nemos esta señal sobre nuestras vidas y nuestros seres queridos, sobre nuestras casas, sobre todo aquello que hacen nuestras manos. Pero queremos además ser un instrumento en tus manos, para que las casas que están a nuestro alrededor tengan también tu protección.
  • Señor, cubrimos a las familias de tu Iglesia con la san­gre de Cristo.
  • Señor, erradica de Argentina las plagas modernas de la violencia, la droga, la desunión familiar, la pobreza, etc.

 

Acción Práctica.

Habla con tu familia y analicen cuáles son las plagas moder­nas que los aquejan. Pónganse de acuerdo para orar por esto y tomen las decisiones necesarias para sacarlas de tu casa.

Extracto del libro “40 Días de Ayuno y Oración 2012”

Por Roxana y Aldo Martín

Rosario, Santa Fe

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