Jesús dijo «El sembrador salió a sembrar y la semilla que cayó en la tierra produjo al 30, al 60 y al 100%». El 30, es algo; el 60, es mucho; el 100% es todo. Quiere decir que podés tener algo, mucho o todo de Dios; que podés tener algunos, muchos o todos los milagros. Si Dios te dio el 30, te va a dar el 60 y el 100; porque sos buena tierra.

Quedate tranquilo porque llegarás a tener todo de Dios. Hoy estas progresando un poco, celebralo, porque Dios te llevará a progresar todo. Porque el que comenzó la buena obra te llevará a toda la bendición para tu vida. Si soy buena tierra hoy estoy con poco, pero mañana estaré en el todo de Dios: todo el gozo del Señor; toda la ciudad convertida.

Juan 15 dice: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos, si te unís a mi vas a llevar fruto». Fruto, más fruto, mucho fruto; 30, 60, 100; poco, mucho, todo. Dios me da una Palabra (o sea una semilla) la obedezco y esa semilla trae fruto y luego viene otra palabra, la obedezco y Dios me da más fruto, más semillas, más palabras para obedecer, por eso a mayor crecimiento, más obediencia.

No necesito un buen amigo para crecer, necesito una semilla, porque amistad no me cambia, una semilla que obedezco es la que me cambia. Algunos no pasan del 30 al 60 porque Dios les dio una semilla y no la obedecieron. Por ejemplo: «Cree en el Señor Jesucristo y bautízate»; dicen: «Voy a esperar para bautizarme»; si querés abundancia obedecé la semilla que Dios te dio, te bautizás pero te congregas una vez por año y la Biblia dice: «Congrégate seguido», entonces no obedeciste esa semilla y trabaste el proceso de crecimiento. Obedecé lo que Dios te dice porque por la desobediencia podés frenar lo que Dios te quiere dar.

Juan 15 dice: «El que permanece en mi trae fruto y yo lo podo». Podar. ¿Cómo te poda para que tengas más fruto?

Muchos dicen con las pruebas, pero ¡no! Las pruebas traen dolor, la obediencia a esa semilla te limpia para que Dios te dé más semilla para obedecer; la misma semilla que te dio fruto es la misma semilla que te limpia y es la misma semilla que te lleva a más fruto, y el más fruto en tu próximo nivel dará más semillas, más palabras que te van a limpiar que te van a llevar al 100%.

No sé si la gente la va a obedecer, pero sembrá y tené esperanza de que el Espíritu Santo los convenza y él traiga el 30, el 60 y el 100%. Sembrá una semilla a tus hijos, una Palabra, un audio, un mensaje que oíste, un libro; y esa semilla empieza a crecer y si esa persona la obedece cambia para siempre.

La gente no necesita que la convenzamos sino que le sembremos una semilla, porque sólo Dios puede cambiar a la gente y la Palabra es viva, estas semillas están vivas y pueden cambiar a la gente, si la obedece cambia al treinta, después al sesenta y llega al todo de Dios y todo lo que hace le sale bien.

Un día un muchacho muy pobre, que era vendedor de puerta a puerta para pagar sus estudios, se encontró con sólo diez centavos en su bolsillo y tenía mucho hambre. Entonces decidió que en la próxima casa iba a pedir comida. No obstante, perdió su coraje cuando una linda y joven muchacha abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió un vaso con agua. Ella pensó que él se veía hambriento y le trajo un vaso con leche. Él se lo tomó lentamente y luego le preguntó: «¿Cuánto le debo?» «No me debe nada» ella respondió. «Mi mamá nos enseñó a nunca aceptar pago por bondad».

Él dijo: «Entonces le agradezco de corazón». Cuando Howard Kelly se fue de esa casa, no sólo se sintió más fuerte en sus fuerzas, sino también en su fe en Dios y en la humanidad. Años más tarde esa joven muchacha se enfermó gravemente. Esos doctores lo­cales estaban muy preocupados. Decidieron enviarla a la gran ciudad donde especialistas estudiarían su rara enfermedad. Uno de los especialistas era el Dr. Howard Kelly. Cuando él se dio cuenta del nombre del pueblo de donde ella venía, una extraña luz brilló en sus ojos. Inmediatamente se levantó y fue al cuarto donde ella estaba. Vestido en sus ropas de doctor la vio y reconoció al instante. Luego volvió a su oficina deter­minado a hacer lo posible para salvar su vida.

Desde ese día le dio atención especial al caso. Después de una larga lucha, la batalla fue ganada. El Dr. Kelly pidió a la oficina de cobros que le pasaran la cuenta final para darle su aprobación. La miró y luego escribió algo en la esquina y la cuenta fue enviada al cuarto de la muchacha. Ella sintió temor de abrirla porque estaba segura de que pasaría el resto de su vida tratando de pagar esa cuenta. Finalmente ella miró, y las siguientes palabras escritas en la esquina de la factura llamaron su atención: «Pagado por completo con un vaso de leche».

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

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