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Pasaje clave: Filipenses 2:5-11

 

Sobre la tremenda e inusitada humillación de Jesús detallada en Filipenses 2.5.-11, Ignacio Larrañaga comenta:
“Jesús siendo Omnipotente no soñó con omnipotencias, y renunciando a todas la ventajas de ser Dios, se sometió a todas las desventajas de ser hombre”
Y no solamente eso sino que sufrió la muerte más cruel y vergonzosa.
Supongamos que un día tenemos en la casa insectos que nos causan problemas, y supongamos que decidimos transformar a nuestro hijo en insecto para que hable con ellos y llegar a un acuerdo, y como respuesta los insectos matan o crucifican a nuestro e hijo. Ahora bien, el descenso de un hombre a insecto sería algo muy humillante para un ser humano, pero sería un descenso entre criaturas, es decir de una criatura superior (el hombre) a otra inferior (un insecto). Pero la humillación de Jesús es infinita, ya que es un descenso de Creador a criatura. ¡Increíble!
Todas las humillaciones de todos los hombres sumadas son nada en comparación a la humillación de Jesús. Su amor nos resulta una locura y algo inentendible.
Pero no todo quedó allí, al resucitar y vencer a la muerte, Jesús no tenía necesidad de compartir su victoria con nosotros, podría haber ascendido al cielo y ser glorificado Él solo, sin embargo nos compartió su victoria, y hoy podemos gozar de sus triunfos.
Por eso cuanto tengo algo de conciencia de la humillación del Señor, me da vergüenza cuando me ofendo por cualquier cosa, o cuando quiero reclamar mis derechos o cuando me cuesta renunciar a algo por Su causa.
Que cada vez que recordemos su descenso o su muerte en la cena del Señor, que tengamos presente, cuánto le habrá costado renunciar a su rango.
Y termino con una estrofa de un viejo himno que dice algo así: “Cuando contemplo la cruz sangrienta, donde padeció el Rey de gloria, quiero despreciar las riquezas y la soberbia me da horror”.

Por Héctor Vitale

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