Simón era un hombre que toda la vida había vivido de la demostración de poder. Cuando vio el poder con que el Espíritu Santo respaldaba a Felipe se asombró y sucumbió ante la convicción que esto era divino. “Creyó y se bautizó, seguía a Felipe por todas partes”. Así relata el comienzo de la vida cristiana de este hermano.

Cuando, venido Pedro de Jerusalén, vio que había hombres que dispensaban el Espíritu Santo,  pensó en obtener esa capacidad. Si el lograba administrar el Espíritu Santo sería un buen negocio. Trato de comprar un privilegio espiritual, redujo al mercantilismo algo que era entregado por gracia. Debido a él, a esta actitud, a esta práctica, se la conoce como simonía, es decir: la compra o venta de lo espiritual por medio de bienes materiales.

Pedro le dice ante su propuesta:

Hch.8:21. No tienes arte ni parte en este asunto, porque no eres íntegro delante de Dios.

La respuesta de Pedro es tremenda. No eres integro – fue la sentencia de Pedro. Escaneó su corazón y se dio cuenta que había sectores que no estaban bajo el dominio de Dios.

Hay niveles de gloria que están vedados a los que no tienen un corazón integro. Simón creyó, estaba siempre con Felipe, cuando los apóstoles oraron recibió el Espíritu Santo, pero no tenía un corazón integro. Aún había en él fracciones bajo el gobierno de su antigua cosmovisión.

Algunos han querido ver aquí la condenación para Simón… el pasaje no dice eso. Dice que hay un nivel al que no puede acceder. Impartir necesita de un corazón sin doblez, sin segundas intenciones, sin sorpresas, sin cuchillos bajo el poncho, íntegros.

En un tiempo en que estamos apostando fuerte a subir de nivel no tener integridad puede dejarnos en “camino de amargura y esclavitud del pecado” tal como divisó Pedro de Simón.

Por eso un relevamiento del terreno de mi corazón en esta mañana sería bueno:

A. ¿Por qué hago lo que hago? Si lo hago por amor a Dios está todo bien, si espero primeramente conseguir algo con mi oración, mi servicio, mi predicación… cuidado, estoy haciendo una transacción espuria con lo espiritual.

B. ¿Por qué me estoy acercando a Dios? Para recibir o para dar… otra vez si tu motivación primaria es lo que Dios te da, entonces no te interesa tanto El sino lo de El. Al igual que el hijo menor de la parábola quieres sus bienes, pero también igual al hijo mayor quieres su cabrito para comerlo con tus amigos. Ninguno, salvo el menor arrepentido, quiere al Padre. ¿Por qué me acerco a Dios?

Un corazón sin doblez, un corazón integro. ¿Cómo se cultiva? ¿Cómo se cura?

Hch.8:22. Por eso, arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor. Tal vez te perdone el haber tenido esa mala intención.

Arrepentimiento, oración… Un nuevo nivel de quebrantamiento predicaba Patry, mi esposa, hace un par de domingos atrás (si no estuviste o no la viste te recomiendo la predica) ¿De qué sirve hacer esto? Devuelve esa fracción de corazón a su dueño, a Dios… Le decimos: Esta porción de mi ser está rentada a esta idea, a este pecado, a esta cosmovisión y quiero que vos la gobiernes, quito mis defensas, salgo de mis trincheras ideológicas, renuncio a mis mascaras piadosas y me rindo. No sé qué fue del pobre Simón, algunos dicen que empezó una corriente nefasta y es fundador de una religión pagana… puede ser, la falta de la integridad nunca queda donde empieza siempre tiene hambre de más, es un cáncer.

Lo que sí sé es que hoy yo quiero vivir arrepentido, amo a Dios, me interesa servirle por gratitud, estoy tan agradecido por lo que El hizo por mí… no cambio nada por eso. Quiero más, porque Él quiere darme más… pero si no quisiera, está bien, ha sido más que suficiente lo que he recibido. 

Me levanto hoy para mantener mi corazón integro para Dios, todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que anhelo es Tuyo y así debe seguir… Ayúdame.

Por Daniel Cattaneo

 

2 Comentarios

  1. me parece muy importante lo que dice por que habeses lo buscamos ha DIOS por nececidad y la verdad deberia ser en todo tiempo y yo si lo busco ael no por riquesas por que eso no llena por eso le pido ha DIOS que me ayude ha seguir los caminos y que nada me aparte de el.

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