Devocionales Cristianos – Unción: Lo Que Preparó a David Para el Poder

 

Dios confirmó al que había sido elegido rey ante Samuel por la hermosura interior del corazón de David. Actuando por el poder y la autoridad de Dios, dice la Biblia: «y Samuel  tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Rama» (1 S. 16:13).

El mismo carácter que había hecho de David un siervo fiel en la casa de su padre lo haría un siervo fiel de su Padre celestial. «Eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas delas ovejas; de tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad» (Sal. 78:70-71).

Este es el mismo principio que Jesús enseñó. «Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?» (Lc.16:11). Nuestra responsabilidad en los asuntos materiales y en los espirituales depende de tener esta misma actitud de corazón.

Dos cualidades le permitieron a David ser un receptor responsable de la unción de Dios: la integridad de su corazón y su pericia. «y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos» (Sal.78:72).

Saúl no contaba con la integridad que hizo de David un varón conforme al corazón de Dios. Nuevamente, recordamos lo que Dios dijo a Salomón acerca de su padre: «y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos» (1 R. 9:4).

La integridad de corazón también fue una característica sobresaliente de Job. Despojado de sus bienes y de sus hijos, Job se asió de su integridad. Este es el enfoque del segundo reto que Dios emite a Satanás: «y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa?» (Job 2:3).

Aun la esposa de Job lo atacó, riñéndole a causa de su integridad. «Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios y muérete» (Job 2:9).

Aunque tuvo problemas con el pecado en su vida, Salomón eventualmente aprendió la importancia de la integridad, indudablemente después de haber considerado el ejemplo de su padre. «La integridad de los rectos los encaminará; pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos» (Pr. 11:3).

Salomón también escribió: «Mejor es el pobre que camina en integridad, que el de perversos labios y fatuo» (Pr. 19:1).

«Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él» (Pr.20:7). Este es el caso de David y su hijo, Salomón. David fue un varón justo que caminó en la integridad de su corazón y Dios bendijo a sus hijos.

David empezó su carrera con integridad de corazón. Su honestidad hacia la Palabra de Dios le proporcionó la pericia que necesitaba para guiar a la nación de Israel, como vimos en el Salmo 78:72: «Los pastoreó con la pericia de sus manos».

El mismo patrón es cierto en la vida de cualquier creyente. Una correcta actitud de corazón hacia la Palabra de Dios equipa al creyente con todo lo que necesita para cumplir la misión que Dios le encomiende. «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad» (2 Ti. 2:15).

Luego: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Ti. 3:16-17).

La unción de David le permitió tener el poder de Dios. Y sin embargo fue su actitud de corazón y la pericia obtenida por la preparación con la Palabra de Dios, lo que evitó que se envaneciera. El guardó el equilibrio en su vida a través de su actitud de corazón. Su unción le dio el poder para cumplir la misión que Dios le había encomendado.

Extracto del libro “Salmo 119. Una Odisea al Corazón de Dios”

Por Jeff Adams

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