vasos-de-oroDevocionales Cristianos – Vasos de Oro… ¿O Pelelas?

 

2º Timoteo 2:20. “En una casa grande no sólo hay vasos de oro y de plata sino también de madera y de barro, unos para los usos más nobles y otros para los usos más bajos”.

 

Cuando niño la pregunta era: ¿Quién sos, el sargento Sanders (el bueno) o los alemanes (los malos)? O, ¿quién sos, el zorro (el bueno) o Monasterio (el malo)? Y luego nos embarcábamos con Fernando, mi amigo de la infancia, en luchas épicas de malos contra buenos. Al día siguiente el que había hecho de malo quería hacer de bueno, porque (y aquí va todo el argumento): Yo hice de malo ayer y ahora te toca a vos (fin de la discusión, argumento inapelable).

Al crecer me di cuenta que hacer de malo o bueno, no está basado en una alternancia pactada de amigos, sino en una elección personal de cada uno. Elegimos si vamos a ser los buenos de la película o los malos mediante cada uno de nuestros actos.

Pablo dice que en la casa de Dios, la iglesia, elegimos que lugar ocupamos mediante nuestras actitudes.

Si soy alguien que busca: “… la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12: 14), me convertiré por mi elección en un vaso de oro noble, santificado y útil para el Señor, preparado para toda obra buena. Seré puesto en lo alto de la mesa, en medio de la fiesta y andaré entre los convidados de mi Padre, seré llenado una y otra vez y besado por los labios de mi Señor.

Si soy alguien que anda en discusiones, con actitudes malas y, por contraposición, en mundanalidades, me convertiré por mi elección en un vaso de madera y de barro, usado para fregar el piso o peor para vaciar los fluidos corporales en ellos. Estos recipientes no se ponen sobre la mesa, sino en el lavadero o bajo la cama (en aquella época no había baño dentro de las casas). Cuando alguien se acerque a mí será con recelo y tratará de tocarme lo menos posible, habitaré la oscuridad de la vergüenza y el mal gusto. Brindaré un servicio, pero este será bajo.

En esta mañana, Dios me preguntaba como Fernandito: ¿Quién querés ser? ¿Vaso de oro o escupidera? Mi respuesta fue obvia: Vaso de Oro, quiero ser un vaso de oro. ¿Qué debo hacer para lograrlo? – le dije en mi dialogo interior. Y entonces leí el verso siguiente: “Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena”.

De mi “mantención”, de seguir “la justicia, la fe, el amor y la paz” y de cada uno de los consejos que Pablo le da a Timoteo, de la elección diaria surge mi posición en la casa de Dios. Dios no hizo a nadie “escupidera”, o “pelela” si lo prefiere, determinamos nuestro contenido mediante nuestras elecciones. De acuerdo a la honra que le dé a mi vida, será la honra de la que seré objeto en la casa, determinará si me besan o me orinan, si me cuidan o me relegan…

Para terminar he visto gente orinar en vaso de oro y beber de las escupideras, pero son ampliamente despreciados por todos aquellos que tenemos un mínimo sentido de la higiene. Cuando esto ocurre, el vaso de oro es tomado y limpiado y mimado porque lo han “deshonrado” en su uso.

Hoy es un día para ser cuidadoso, para verificar qué cosas hago, desechar enojos, mentiras, hipocresía, deseos incorrectos, temores y afanes… hoy seguiré la justicia, la fe, el amor y la paz y “llegaré a ser un vaso noble”. No quiero que habiendo sido ayer “Diego de la Vega”, hoy me vuelva el “Capitán Monasterio”. Amén.

Por Daniel Cattaneo

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