Goliat medía tres metros, y Satanás lo usó porque era grande. Satanás siempre te distrae, Goliat asustaba por su tamaño, pero el poder no estaba en el tamaño. Si Israel peleó toda la vida con gigantes ¿por qué se asustaron de Goliat? Porque Satanás siempre usa algo para distraerte, para que no veas cuál es su verdadero poder.

El verdadero poder de Goliat no era su altura, ni su lanza, sino su boca. La gente no se dio cuenta de que estaba en su boca, porque Satanás siempre te pone un gigante y te asusta con el tamaño, la deuda, la enfermedad pero sabe que su poder no está en eso que puso delante sino en la boca de eso que te habla. Por eso dice que durante cuarenta días, de mañana y de tarde, decía Goliat: «Si hay alguno, que venga». Pregunta: Si era tan valiente ¿por qué no atacaba a los de Israel y los derrotaba? Si era tan valiente ¿por qué tenía que decir: «que venga el que quiera pelea»?

Cuando David aparece en escena se da cuenta de que el poder de Goliat no es la altura, por eso agarró una piedra; Goliat le dijo: «Sinvergüenza ¿qué crees que soy un perro que venís a mí con palos?» y maldijo a sus dioses, porque el poder de Go­liat era su voz. David dijo: «Tú vienes con jabalina, pero yo vengo en el nombre de Jehová de los ejércitos y tu cabeza estará pronto en mi mano», porque el poder de la fe está en tu boca, el poder de tu problema no es el tamaño que tiene y cae cuando descubras el poder de tu boca al hablar fe.

Goliat habló, David habló, fue una lucha de palabras. La guerra espiritual no es ir ungiendo con aceite por ahí, es: «Dios te dijo, el diablo te dijo, Dios te dijo» y el que se mantiene con la palabra correcta y el que habla la palabra correcta vence. Por eso tenés que salir del nivel de la emoción: «Yo opino», «a mí me gusta», «a mí me emociona», «no estoy de acuerdo», «no lo entendí». Eso es plano almático, tenés que elevarte al nivel de la fe.

Si vas a la iglesia porque te queda cerca, no entendiste nada, porque no vas por la cercanía sino por el propósito que Dios tiene a través de tu vida.

Salir del nivel de opinión, salir del lenguaje de la «suerte»: «No sé qué me pasó», «Se me fue el tiempo», «Mi nervios me afectan», «Me dejé llevar por la emoción». Me voy a hacer cargo de mí mismo, no le pasaré factura a nadie más por mis errores. Necesitamos aprender a hablar fe. Fe es hablar lo que Dios habla, lo que Dios con­fiesa, seguridad es un mito, nada es seguro: si te reís, corrés el riesgo de parecer un tonto; si estás serio, corrés el riesgo de parecer un muerto; si haces un negocio, corrés el riesgo de que te engañen; si te enamoras, corrés el riesgo que te rechacen; si estás vivo, corrés el riesgo que te maten. No existe la seguridad, es un mito, lo que existe es fe, de lo que Dios nos prometió lo hará.

Voy a hablarle a mi Goliat lo que Dios me dijo que le diga: «Que su cabeza estará pronto en mi mano y yo seré ascendido por Dios».

Un cazador viaja al África y se lleva su perrito Foxterrier para no sentirse solo. Un día el perrito, persiguiendo mariposas, se aleja y se extravía, comen­zando a vagar por la selva. De repente, el perrito ve venir corriendo una pantera enorme. Seguro de que la pantera lo quiere devorar, piensa rápidamente qué puede hacer. Ve un montón de huesos de un animal muerto y se pone a mordisquearlos. Cuando la pantera está a punto de atacarlo, el perrito dice: «¡Uauuh…! ¡Qué rica estaba esta pantera que me acabo de comer!» La pantera oye lo que dice, frena en seco, gira y huye despavorida pensando:»¡Este raro animal es capaz de comerme a mí también!»

Un mono, que andaba trepando en un árbol cercano y que había visto y oído toda la escena, sale corriendo tras la pantera para contarle cómo había sido engañada por el perrito. Pero el perrito, que tiene una fina audición, oye al mono contarle todo a la pantera, y la respuesta que ésta, muy enoja­da, le da al mono: «¡Súbete a mi espalda y busquemos a ese perrito maldito, a ver quién se come a quién!»

Ambos salen a la búsqueda del Foxterrier. El perrito ve regresar a la pante­ra, ahora con el mono encima. «¿Y ahora, qué hago?», se pregunta. En vez de salir corriendo, acto que posiblemente habría sido su perdición, se queda sentado dándoles la espalda como si no los hubiera visto. Cuando la pantera está a punto de atacarle, el perrito dice: «¡Pero que mono más sinvergüenza! ¡Hace media hora que lo mandé a traer­me otra pantera y todavía no ha aparecido!»

EL PODER DE TU PROBLEMA CAE CUANDO DESCUBRÍS EL PODER DE TU BOCA AL HABLAR FE.

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

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