Devocional Diario – Fe Para Atraer Cosas Grandes 1

 

Pasaje clave: Marcos 3:1-6. Marcos 10:20-23. Juan 13:12-17.

1. El Enojo de Fe.

El primer pasaje relata cuando Jesús estaba un día sábado en la sinagoga y había allí un hombre con una mano paralizada, seca. Según los legalistas, no se podía sanar en día sábado, entonces Jesús lo llamó delante de la congregación y preguntó: ¿Está bien o mal ayudar a alguien en día sábado? Y nadie respondió, entonces Jesús se enojó.

Cada vez que nos enojamos, se nos activa una emoción que genera adrenalina en nuestro cuerpo y hace que nos sintamos fuertes y poderosos.

El término utilizado en este pasaje para definir “enojo” significa: “una emoción con furia”; es decir, Jesús estaba furioso (esa furia que viene y se va) cuando vió la desfachatez de los legalistas, religiosos, que no amaban a la gente sino a los ritos.

Jesús le dijo al hombre: “Extiende la mano”, y lo sanó. La furia lo llevó a realizar el milagro, a reparar lo que estaba seco, haciendo al hombre libre.

¿A qué nos lleva nuestra furia? ¿A destruir o bendecir? ¿A construir o destruir? ¿A sanar o gritar y volvernos locos? ¿A huir o cambiar lo que está mal? ¿A maldecir o liberar?

No hay problema en enojarse, lo importante es que el enojo modifique nuestro enfoque para cambiar las cosas y traer bendición de Dios.

Todo lo que me enfurece es a lo que Dios me llamó.

Jesús estaba enfurecido con la enfermedad, por eso sanaba a los enfermos.

Todo aquello que detestás, que te enoja, es el llamado que Dios te hace para destruir, sanar, bendecir y edificar.

Dios levantará gente enojada, pero no por cosas sin sentido, como por ejemplo, los que van a la cancha y se matan (no hay cosa más inútil que ir a la cancha a gritar y después salir y matarse a cascotazos.) Los que proceden así es porque no tienen un enojo divino.

Si no te enojás por lo que vale la pena pelear, te enojarás por necedades.

Enojate como Jesús, por cosas importantes:

¿Si te enoja el legalismo? Liberá a las personas que están presas de él.

¿Si te enoja la enfermedad? Orá por los enfermos, ungilos con aceite, batallá en su contra, activá el don de sanidades que está en vos.

¿Si te enoja lo que el diablo hace? Predicá a la gente y arrebatásela en el nombre de Jesús.

¿Te enoja la droga? Coordiná grupos de auto-ayuda para liberar a los adictos.

¿Te enoja que las iglesias se dividan? Caminá en la unidad más sobrenatural que has vivido hasta ahora.

¿Te enoja la pobreza? Prosperá.

Usá tu enojo para cambiar las circunstancias, ése es el llamado de Dios.

Mucha gente no prospera porque no se enoja contra la miseria, mordió pobreza toda su vida, guarda el recuerdo de no tener para comer en su infancia pero nunca se reveló en su contra; jamás declaró: “Voy a ser rico en el nombre del Señor y ayudaré a los pobres cuando tenga dinero”. Eso es enojo divino.

¿Te enoja la injusticia laboral? Sé jefe.

¿Tus padres te abandonaron? Proponete ser el padre que no tuviste y dar lo que no recibiste.

El Reino de Dios lo arrebatan los valientes, es decir, los enojados.

Enojate contra todo lo que Satanás hizo en tu casa, con tus hijos.

Los fariseos también se enojaron, pero dijeron: “Matemos a Jesús”.

Elegí: ¿Vas a destruir o traer solución?

2. Servimos por Amor.

Jesús iba a morir en la cruz, juntó a los discípulos, tomó una toalla, pidió agua y les lavó los pies de a uno. Dijo: “Si ustedes entienden lo que hice, van a ser felices”. Ellos no entendieron hasta que llegó el avivamiento (en Hechos 2).

Les dijo: “Les voy a explicar cómo funciona mi Reino”, tomó una toalla y les lavó los pies. No entendían porque tenían la mentalidad del reino romano que era con espada.

Jesús dijo: “Así como yo los serví, sírvanse los unos a los otros, no es por obligación sino por amor, están libres en mi Reino y cómo Yo lo hice, háganlo ustedes.”

No servimos al Señor por miedo ni por obligación sino porque lo amamos y somos libres y cada vez que servimos a alguien por amor a Dios, el imperio del enemigo tiembla.

Serví a Dios con libertad, nadie te puede maldecir si tenés al Espíritu, donde está el Espíritu de Dios hay libertad de las maldiciones, las obligaciones, las presiones.

El Reino de Jesucristo es libertad, Roma es obligación; Roma cayó, y el pueblo de Dios sigue confesando que “Jesucristo es el Señor”.

(CONTINÚA…)

Por Bernardo Stamateas

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