Devocionales Cristianos – La Iglesia, Unidad y Diferencias.

 

Pasaje clave: Juan 17.

 

Esas Diferencias Prometedoras

Para este momento estará pensando que el plan de Dios para la iglesia suena muy bien, pero que ha fracasado.

¿Qué hay de todas esas denominaciones? ¿No son evidencia de que la unidad que Cristo predicó y por la que oró en Juan 17 no se ha logrado? ¿No prueban que la iglesia es un experimento fracasado? Si se encuentra atascado por estas consideraciones, le aliento a volver a pensar en el significado de lo que es unidad.

La verdadera unidad es por medio del Espíritu de Dios a través de la fe en el evangelio. Toda forma de unidad que abandone las verdades centrales del evangelio, como la expiación sustituta de Cristo, su resurrección y la justificación únicamente por gracia solo a través de la fe, no es unidad. Todos los que sostienen y atesoran estas verdades centrales, el tipo de verdades que Pablo describió como «de primera importancia» (1º Corintios 15:3-5), disfrutan de verdadera unidad. Somos uno en Cristo, aun si vivimos en lugares opuestos del mundo y adoramos en tradiciones diferentes.

Así que no hay que pensar en las diferencias de las denominaciones como enemigas de la unidad, sino como algo que hace que la verdadera unidad sea todavía más asequible. Coincidimos en estar de acuerdo en las  cosas de primera importancia; y convenimos en respetar los desacuerdos sobre las cosas de menor importancia.

«Las denominaciones nos permiten tener una unidad de organizaciones en las que tenemos pleno acuerdo», escribe Richard Phillips, «y nos permiten tener unidad espiritual con otras denominaciones, porque no estamos obligados a discutir para perfeccionar el acuerdo, sino que podemos aceptar nuestras diferencias de opinión sobre temas secundarios».

En el aspecto más importante, la oración de Jesús por la unidad ha sido respondida. A causa del evangelio hay unidad. Nuestro trabajo es mantenerla.

¿Cómo hacemos esto?

Rechazando un espíritu de denominación en nuestra actitud.

Orando para que Dios obre a través de otros cristianos aunque adoren de manera diferente a la nuestra.

Siendo humildes sobre las diferencias en doctrina de importancia secundaria.

Y regocijándonos cuando oímos que otros son utilizados para hacer avanzar el evangelio.

Cuando adoptamos esta actitud, comenzamos a conocer que la Iglesia alrededor del mundo es el fenómeno espectacular que en realidad es.

Jean se mudó hace poco a Egipto. Un domingo por la mañana quedó impactada por el hecho de que estaba orando junto a hermanos y hermanas de más de 60 países.

«Nos habíamos reunido, unidos en propósito, para glorificar y adorar a Jesucristo», me escribió. «Estábamos unidos bajo una misma Cabeza. Tuve un vistazo de cómo será el cielo, toda tribu, idioma y nación estarán representados».

A través de su iglesia, extendida en todo el mundo, Jesús se está glorificando a sí mismo y desarrollando su reino en formas que ninguna persona, congregación o denominación podría lograr por sí sola.

 

El Tiempo No Ha Disminuido Su Amor

Cuando vemos a la iglesia como la ve Dios, aprendemos dos lecciones en extremo importantes.

Primero, que la iglesia le importa más de lo que podemos darnos cuenta.

Y segundo, que Él nos llama, esperando que formemos parte de ella… ¡porque somos parte de ella!

Si Jesús ama a la iglesia, usted y yo deberíamos amarla también. No podemos utilizar la excusa de que la iglesia se ha equivocado demasiadas veces o de que estamos desilusionados. Jesús es la única persona que tiene el derecho a desheredar y a abandonar a la iglesia. Pero nunca lo ha hecho. Y nunca lo hará.

La Biblia nos dice que Jesús tiene un afecto similar y aun mayor por nosotros, su Iglesia. A pesar de todas nuestras equivocaciones, nuestro pecado e imperfecciones, el amor de Cristo por su Iglesia no ha cambiado con el tiempo.

John Stock escribe:

“En la tierra a menudo se viste de harapos, está fea y manchada, despreciada y perseguida. Pero un día la veremos cómo lo que es, nada menos que la esposa de Cristo, «sin mancha y sin contaminación », santa, hermosa y gloriosa. Es con este objetivo constructivo que Cristo ha estado obrando y continúa haciéndolo. La esposa no se hace bella para presentarse a sí misma; es el novio quien se esfuerza por embellecerla para poder presentarla a él mismo”.

Jesús ha estado obrando cada día para embellecernos.

Nos eligió antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4-6).

Nos tenía en mente cuando estaba clavado, agonizante sobre la cruz. Han pasado muchos días desde entonces.

Pero su pasión no se ha apagado.

Jesús sigue llamándonos su Esposa.

Extracto del libro “Deje de Coquetear con la Iglesia”

Por Joshua Harris

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Casado y padre de tres hijos.

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